En Venezuela, el béisbol no es solo un deporte; es el lenguaje en el que hablamos, reímos y, a veces, sufrimos. Pero dentro de ese universo de bates y pelotas, existe una frase que funciona como un carnet de identidad, una declaración de principios y un orgullo que se infla en el pecho: «Yo soy magallanero«.
Decirlo no es cualquier cosa. Ser magallanero es un ejercicio de nacionalismo puro. Es llevar el nombre de los Navegantes del Magallanes grabado en el ADN, a menudo como una herencia sagrada que se recibe de un padre o un abuelo, junto con la primera gorra azul y el primer guante. Es una sucesión de sentimientos que viaja de generación en generación, conectando a familias enteras bajo una misma bandera: la del equipo eléctrico.
El sabor de la «jodedera» y el eterno rival
La verdadera esencia del magallanero se pone a prueba en el cara a cara con el eterno rival. Ganarle a los Leones del Caracas (o «las gatas», como cariñosamente solemos decir en la confianza de la grada) es una de las satisfacciones más grandes que conoce el venezolano. Es el momento sublime de «echarle vaina» al amigo, al primo o al vecino caraquista; es el mensaje de texto socarrón o la llamada para recordar quién manda en el diamante.
Pero ser del Magallanes también requiere temple. Hay que tener la piel curtida para aguantar esa misma «jodedera» cuando la suerte nos voltea la espalda y nos toca bajar la cabeza ante el equipo capitalino. Es un toma y dame que forma parte de nuestra cultura y que le da sabor a la vida.
De los transistores al streaming
La pasión turca no conoce de épocas. Cuenta la historia —y la memoria de muchos hogares— que en los tiempos de la radio de transistores, más de un aparato terminó hecho añicos contra el piso tras una derrota dolorosa. Era la expresión más visceral de un enojo que solo el amor por el equipo justifica.
Hoy, la tecnología ha cambiado los transistores por el streaming, pero el sentimiento permanece intacto. ¿Quién no ha buscado en sus carpetas digitales o en su dispositivo móvil aquel himno eterno del maestro Billo Frómeta? Las notas de «Magallanes será campeón» o «No hay quien le gane al Magallanes» siguen resonando con la misma fuerza que hace décadas, uniendo a los fanáticos de antes con los jóvenes de hoy.
Un grito que une a un país
No importa en qué rincón de Venezuela te encuentres —desde las costas de Margarita hasta las cumbres de los Andes—, siempre habrá un fanático azul, turco o eléctrico. El Magallanes es un fenómeno que rompe fronteras regionales para convertirse en un sentimiento nacional.
Hoy, con la emoción a flor de piel y celebrando el campeonato número 14 en nuestras vitrinas, el orgullo se desborda. Miramos la historia, recordamos las glorias y, con la frente en alto, volvemos a pronunciar esa frase que nos define ante el mundo: «YO SOY MAGALLANERO«. Porque al final del día, el Magallanes no es solo un equipo; es nuestra forma de ser venezolanos.
Otilca Radio (Con datos de Danny Ricòveri)
Mantente al día con lo último de nuestra programación y noticias.
Únete a nuestro canal en Telegram¿Eres artista o comunicador y quieres que difundamos tu trabajo?
Envíanos tus notas y música a:otilcaradio@gmail.com
Contribuye con la promoción y difusión de la
producción artística venezolana, realiza tu aporte



