El frío en las afueras de Beijing no se parece en nada al calor sofocante del cajón del Arauca. Allá, donde el termómetro castiga y el viento corta como un puñal de hielo, Germán Piña, un llanero de pura cepa, se ajustó el sombrero, afinó su instrumento y decidió que era momento de que el Asia conociera el hermoso pasaje venezolano.
Germán no viajó solo; llevó consigo el alma de Venezuela envuelta en madera y cuerdas. Su misión no era diplomática, al menos no en el sentido estricto, pero terminó siendo el embajador más efectivo de nuestra identidad en tierras lejanas.
El choque de dos mundos
Mientras los transeúntes caminaban abrigados hasta los ojos, el sonido vibrante de un seis por derecho comenzó a romper la monotonía del paisaje grisáceo. Para Germán, tocar música llanera en China era un acto de fe. «El llanero es del tamaño del compromiso que se le presenta«, parece decir su postura mientras ejecutaba con maestría las notas que, en su mente, evocaban caballos al galope y garzas en vuelo.
El momento cumbre del encuentro ocurrió cuando dos jóvenes locales, atraídas por la rítmica inusual y la energía desbordante del joropo, se detuvieron en seco. Sus rostros, acostumbrados a la milenaria pero pausada música tradicional china, se transformaron en una mezcla de asombro y deleite.
«Música que tiene fuego»
A través de gestos y la universalidad del ritmo, las dos espectadoras chinas intentaban procesar la velocidad del punteo. Para ellas, era la primera vez que escuchaban la música del llano. No entendían las letras que hablaban de vaquería o de amores bajo el sol de los esteros, pero el brillo en sus ojos delataba que la conexión era total.
«Se mostraron gratamente sorprendidas«, relata Germán con el orgullo de quien sabe que su cultura es un lenguaje universal. «Verlas sonreír y tratar de seguir el ritmo con las manos, en medio de un clima tan hostil, me recordó que el joropo no es solo música, es una fuerza de la naturaleza«.
El eco del llano es global
La escena de Germán Piña en China es un testimonio de la diáspora cultural venezolana. Ya no se trata solo de migrar, sino de sembrar. El contraste era casi poético: el traje de llanero bajo una chaqueta térmica, y el arpa resonando donde antes solo se escuchaba el murmullo de una lengua milenaria.
Al final de la jornada, el frío seguía allí, pero el ambiente se sentía un poco más cálido. Germán demostró que, aunque el llanero esté lejos de su tierra, siempre lleva consigo el llano para compartirlo con quien esté dispuesto a escuchar. China, por unos minutos, no fue un país lejano, sino una extensión de nuestra propia sabana.
@germanpinaoficiall Así reaccionaron en china al oír música Venezolana por primera vez 🥹😍🫣 Like si ven la nieve 🤭🫣 #parati #explorer #china #venezuela #amor❤️ ♬ sonido original – Germán Piña
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