Perucho Aguirre: El Roble del Folklore que convirtió la Física en Poesía

En el corazón de la Isla de Margarita, donde el salitre se funde con la historia, existe un nombre que suena a cuatro, a mar y a pueblo: Pedro Aguirre, conocido por todos como «Perucho». Hoy, al celebrar un año más de su vida, su figura se alza no solo como un músico, sino como el guardián de la identidad neoespartana.

La Dualidad del Maestro: Fórmulas y Cuerdas

Nacido en La Asunción el 10 de febrero de 1940, la vida de Perucho Aguirre es una fascinante paradoja. Mientras muchos lo ven como el bardo de la isla, su formación académica lo llevó a los pasillos del Instituto Pedagógico de Caracas, donde se graduó como Profesor de Física y Matemáticas.

Durante años, Perucho equilibró el rigor de las leyes de Newton con la libertad del verso. Ejerció la docencia en Maturín, pero el llamado de sus raíces fue más fuerte. Para Perucho, la música no era un escape de los números, sino otra forma de entender la armonía del universo.

«Collar de Perlas»: El sonido de una identidad

En la década de los 70, Perucho fundó el grupo musical Collar de Perlas, una agrupación que se convertiría en la columna vertebral de la música margariteña contemporánea. Con esta plataforma, logró lo que pocos: modernizar el sonido tradicional sin quitarle la esencia del muelle y la labranza.

Sus composiciones son crónicas sociales hechas canción. Temas como «El Piñonate«, «Buenos días Margarita o «Alma Guaiquerí« no son solo melodías; son testimonios de un pueblo que lucha, ríe y navega bajo el sol caribeño. Su pluma, afilada y dulce a la vez, le valió el reconocimiento como uno de los compositores más prolíficos del oriente venezolano.

El Poeta de la Resistencia Cultural

Más allá de la música, Perucho es un intelectual orgánico. Su poesía, recogida en diversas publicaciones, refleja una preocupación constante por la preservación del paisaje y la cultura de Nueva Esparta frente al avance de la modernidad desenfrenada.

«Perucho no canta para entretener, canta para que el margariteño no olvide quién es«.

A sus 86 años, el maestro sigue siendo una referencia obligatoria. Su legado ha sido honrado con innumerables distinciones, pero para él, el mayor premio sigue siendo el afecto de su gente en La Asunción y el sonido de un cuatro bien afinado bajo la sombra de un árbol.

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