Cada 2 de febrero, mientras gran parte de Venezuela enciende velas a la Candelaria, un ejército de mujeres y hombres de manos callosas y corazones creativos celebra otra forma de luz: la de la creación artesanal. Se celebra el Día Nacional de las Muñecas de Trapo, una fecha que rinde homenaje al nacimiento de Zobeyda Jiménez, la «Muñequera Mayor», quien enseñó al país que una muñeca de tela es, en realidad, un manifiesto de libertad.
El Legado de la «Muñequera de Amor»
Zobeyda Jiménez, nacida en Portuguesa pero eterna en el sentir popular, no solo cosía retazos; cosía historias. Para ella, la muñeca de trapo representaba la antítesis de la producción industrial y los cánones de belleza extranjeros.
«Las muñecas de trapo no son juguetes, son seres que nos acompañan y nos enseñan a amar lo nuestro», solía decir Zobeyda.
Gracias a su incansable labor de siembra cultural, el Estado venezolano decretó su fecha de nacimiento como el día para honrar este oficio que hoy es Patrimonio Cultural de la Nación.
Más que tela y algodón: Un símbolo de resistencia
En un mundo dominado por la tecnología y el plástico, la muñeca de trapo sobrevive como un acto de resistencia cultural. En los estados Lara, Trujillo, Mérida y Falcón, la tradición se mantiene viva en las manos de artesanas que utilizan lo que tienen a disposición: un trozo de sábana vieja, botones sobrantes, lana de colores y, sobre todo, mucha imaginación.
La importancia de estas piezas radica en su diversidad:
- Fisonomía real: Reflejan el mestizaje venezolano, con pieles canela, negras y blancas.
- Sustentabilidad: Nacen del reciclaje y el aprovechamiento de materiales.
- Sanación: En muchos talleres, como la «Ruta Muñequera» en Trujillo, el proceso de creación se utiliza como terapia para la paz y la unión familiar.
Trujillo: Epicentro de la celebración 2026
Este año, la geografía trujillana se ha convertido en el telón de fondo de la ruta “Hilando Corazones y Sonrisas”. Desde los pueblos de Jajó hasta Betijoque, las artesanas han salido de sus talleres para enseñar a los niños que un trompo o una muñeca de tela tienen más alma que cualquier pantalla.
En centros educativos como el «José Eleazar Balza Miliani», las nuevas generaciones están aprendiendo que fabricar una muñeca es un ejercicio de soberanía. Al elegir el color del vestido o la forma de la sonrisa bordada, el niño o la niña no solo juega, sino que decide cómo quiere ver su mundo.
Un futuro tejido a mano
El Día Nacional de las Muñecas de Trapo no es solo una mirada al pasado. Es un recordatorio de que la identidad de un pueblo se construye en lo cotidiano. En cada puntada que una abuela le enseña a su nieta, se está transmitiendo un código de ética, estética y amor por la raíz venezolana.
Hoy, las plazas de Venezuela se llenan de estas figuras de trapo. No tienen mecanismos electrónicos ni hablan con voces grabadas, pero en su silencio dicen mucho: hablan de una Venezuela que se reconoce en sus retazos, que se abraza en su ternura y que, al igual que Zobeyda, sigue hilando sueños de libertad.
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