El día en que la juventud venezolana detuvo el tiempo y la tiranía

Cada 12 de febrero, las campanas de la iglesia de La Victoria repican con un eco distinto. No es solo un llamado a misa, es el recordatorio sonoro de una de las gestas más inverosímiles y heroicas de la Guerra de Independencia: el día en que un grupo de estudiantes, más acostumbrados a los libros que a los fusiles, se convirtieron en el muro que salvó a la República.

Una República en la cornisa

Para principios de 1814, el panorama para la Segunda República era desolador. José Tomás Boves, al mando de la temible «Legión del Infierno», avanzaba hacia Caracas con una fuerza devastadora. El general José Félix Ribas, encargado de defender la plaza de La Victoria, se enfrentaba a una realidad aritmética cruel: no tenía suficientes soldados veteranos para detener a los jinetes realistas.

Ante la urgencia, Ribas tomó una decisión audaz: reclutar a cientos de seminaristas y estudiantes de la Universidad de Caracas (hoy UCV). Eran jóvenes que apenas sabían manejar un arma, pero que desbordaban un fervor patrio que compensaba su falta de experiencia técnica.

«No podemos optar entre vencer o morir»

La mañana del 12 de febrero, las calles de La Victoria se convirtieron en un laberinto de sangre y pólvora. Ribas, consciente de la inexperiencia de sus tropas, pronunció la frase que hoy es piedra angular de la identidad juvenil venezolana:

“Soldados: Lo que tanto hemos deseado se va a realizar hoy: he ahí a Boves. Cinco veces mayor es el ejército que trae a combatirnos; pero aún me parece escaso para disputarnos la victoria. En esta jornada que va a ser memorable, ni aun podemos optar entre vencer o morir: ¡necesario es vencer! ¡Viva la República!”

La batalla duró más de nueve horas. Los ataques de la caballería de Francisco Tomás Morales (lugarteniente de Boves) chocaban una y otra vez contra las barricadas defendidas por los estudiantes. Cuando las fuerzas republicanas estaban al borde del agotamiento, la llegada de Vicente Campo Elías con 220 jinetes de refuerzo inclinó la balanza, obligando a los realistas a retirarse.

De la pólvora a la celebración social

En reconocimiento a esta hazaña, el 10 de febrero de 1947, la Asamblea Constituyente decretó el 12 de febrero como el Día de la Juventud. Desde entonces, la fecha ha evolucionado de un homenaje militar a una reivindicación del papel protagónico que los jóvenes tienen en la transformación del país.

Personajes ClaveRol en la Batalla
José Félix RibasComandante patriota, organizador de la defensa.
Vicente Campo ElíasRefuerzo decisivo que aseguró la victoria final.
Los SeminaristasEstudiantes que sacrificaron su formación académica por la libertad.

Un compromiso vigente

Hoy, el Día de la Juventud en Venezuela se celebra con desfiles en el estado Aragua y actos culturales en todo el país. Sin embargo, más allá de los actos protocolares, la fecha invita a la reflexión sobre los retos actuales. La juventud venezolana del siglo XXI, al igual que los seminaristas de 1814, sigue siendo el motor de resiliencia y creatividad en tiempos complejos.

La Victoria no fue solo una ganancia territorial; fue la prueba de que la convicción y la unión generacional pueden desafiar cualquier estadística.

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