Hay hombres cuya vida no se puede contar a través de una sola faceta. Intentar definir a César Julio Villarroel —el eterno «Maestro Julio»— únicamente como político, músico o educador sería recortar la magnitud de un legado que hoy, a 105 años de su nacimiento, sigue resonando en las piedras coloniales de La Asunción y en el alma del pueblo margariteño.
Nacido un 11 de febrero de 1921 bajo el amparo de la capital del estado Nueva Esparta, hijo del Dr. Felipe Villalba y Doña Josefa Villarroel, este asuntino ilustre entendió desde muy joven que su destino estaba ligado al servicio. Ya en 1938, con apenas 17 años, recorría caminos como maestro alfabetizador, una labor que desempeñaba con la misma pasión con la que estudiaba, hasta graduarse en la histórica primera promoción de la Escuela Normal de Cumaná en 1943.
La docencia: Un nombre que se convirtió en ejemplo
El respeto que inspiraba Villarroel entre sus alumnos era tal que, cuando la primera promoción de maestros de Margarita en el Instituto Nueva Esparta quiso bautizar su graduación con su nombre, su humildad se impuso. Con la suavidad de quien sabe guiar, convenció a los jóvenes de ceder ese honor a la identidad regional, llamándola finalmente promoción “Virgen del Valle”.
Su carrera docente no conoció fronteras estadales, dejando huella en Carúpano, Cumaná y Puerto La Cruz. Fue profesor de matemáticas, director y supervisor, pero por encima de los cargos, fue un formador de ciudadanos.
Política: El poder como herramienta de servicio
Miembro fundamental de U.R.D. y mano derecha del maestro Jóvito Villalba, Julio Villarroel transitó los pasillos del poder sin perder la brújula de su fe católica. Para él, la política era, en sus propias palabras: «un medio de servir a la comunidad».
Su hoja de vida pública es un testamento de confianza institucional:
- Gobernador del estado Nueva Esparta (1967) y del Territorio Federal Delta Amacuro (1966).
- Diputado a la Asamblea Constituyente y al Congreso Nacional.
- Presidente de la Asamblea Legislativa de Nueva Esparta en múltiples periodos.
- Primer Cronista de La Asunción, rescatando la memoria de la ciudad que lo vio nacer.
La armonía de las voces: Su última batuta
Si la educación fue su estructura y la política su herramienta, la música fue su espíritu. En 1943 fundó el Orfeón del Liceo Francisco Antonio Rísquez, el primer grupo coral registrado en la historia de Margarita. Su labor musical continuó con la creación del Coro Nueva Esparta en Puerto La Cruz y el emblemático Orfeón Nueva Esparta en 1962.
La providencia, o quizás el destino poético de los grandes artistas, quiso que su final fuera una última gran nota musical. El 4 de mayo de 1988, mientras dirigía a su amado Orfeón Nueva Esparta en pleno concierto, el Maestro Julio entregó su alma. Murió como vivió: enseñando, dirigiendo y rodeado de la armonía que tanto cultivó.
Un legado que permanece
Hoy, la escuela estadal de Salamanca, en su municipio Arismendi, lleva con orgullo su nombre. Pero más allá de las placas de bronce y los epónimos, el Maestro Julio Villarroel vive en cada nota de los corales de la isla y en la convicción de que un hombre puede ser, al mismo tiempo, un firme hombre de Estado y un humilde servidor de Dios.
A más de un siglo de su nacimiento, La Asunción no solo recuerda a un gobernador o a un diputado; celebra al hombre que supo «ir por la vida enseñando», dejando una estela de luz que el tiempo no ha podido apagar.
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