Antonio José de Sucre: El Mariscal que no conoció la ambición

La historia suele recordar a los conquistadores por su sed de gloria y a los políticos por su hambre de poder. Sin embargo, en la constelación de los libertadores de América, brilla con una luz blanca y serena la figura de Antonio José de Sucre y Alcalá. Para el Libertador Simón Bolívar, era «el alma del ejército»; para la historia, fue el Abel de América, el hombre que ganó naciones pero nunca buscó poseerlas.

El joven de Cumaná

Nacido el 3 de febrero de 1795 en la ciudad primogénita de América, Cumaná, Sucre creció en una familia de tradición militar. Su infancia fue marcada por la tragedia —perdió a su madre a los siete años—, lo que forjó en él un carácter reservado, metódico y de una rectitud inquebrantable. A diferencia de otros próceres, Sucre era un ingeniero militar formado en Caracas; su mente funcionaba con la precisión de la geometría y la lógica de las fortificaciones.

Cuando la chispa de la independencia se encendió en 1810, el joven Antonio José no dudó. A los 15 años ya vestía el uniforme, iniciando una carrera que lo llevaría desde las costas venezolanas hasta las cumbres nevadas del Potosí.

Pichincha y Ayacucho: La arquitectura de la libertad

Sucre no era un caudillo impulsivo; era un estratega. En 1822, tras una marcha épica por los Andes, selló la independencia del actual Ecuador en la Batalla de Pichincha. Aquella victoria no solo liberó a Quito, sino que consolidó la visión de la Gran Colombia.

Pero su obra maestra llegó el 9 de diciembre de 1824. En el campo de Ayacucho, a más de 3,000 metros de altura, Sucre dirigió a un ejército diverso —venezolanos, colombianos, peruanos, chilenos y argentinos— contra el último gran bastión del imperio español en América. En apenas unas horas, con un despliegue táctico perfecto, el «General de 29 años» desarticuló al virreinato del Perú.

Lo que ocurrió después de la batalla define su carácter: en lugar de humillar al enemigo, redactó una Capitulación de Ayacucho tan generosa que fue calificada de «caballeresca», permitiendo a los vencidos regresar a España con honor.

El político por deber, no por gusto

Sucre nunca quiso ser presidente. Sin embargo, aceptó el mandato de organizar la nueva República de Bolivia (llamada así en honor a su mentor). Su gestión fue un modelo de probidad: fundó escuelas, organizó la administración pública y promovió la justicia social para las comunidades indígenas.

A pesar de sus éxitos, su lealtad a Bolívar lo convirtió en el blanco de las envidias y las intrigas que comenzaban a fracturar el sueño de la Gran Colombia. «Yo no quiero más que la paz del corazón», escribía con frecuencia a su esposa, la marquesa de Solanda, mientras soñaba con retirarse a la vida familiar en Quito.

El crimen de Berruecos: Un eco de traición

La tragedia que no pudo encontrarlo en el campo de batalla lo acechó en las sombras. El 4 de junio de 1830, mientras cruzaba las selvas de Berruecos (Colombia) de regreso a casa, una emboscada de sicarios acabó con su vida. Tenía apenas 35 años.

Al enterarse de la noticia, un Bolívar ya moribundo exclamó con dolor: «¡Santo Dios! Se ha derramado la sangre de Abel». El asesinato de Sucre no solo fue la pérdida de un hombre, sino el golpe de gracia para el proyecto de unidad hispanoamericana.

Legado: Más que estatuas y nombres

Hoy, el nombre de Sucre adorna estados, ciudades y monedas, pero su verdadero monumento es la ética. En un continente que a menudo ha luchado contra la corrupción y el caudillismo, el Mariscal de Ayacucho permanece como el recordatorio de que es posible ejercer el mando con humildad y ganar guerras sin perder la humanidad.

Sucre no murió por sus ideas, sino por su integridad. Como dijo de él Bolívar en su biografía: «Si Dios hubiese dado a los hombres el genio de Sucre, estos serían lo que deben ser: justos y benéficos».

Otilca Radio

¡Impulsamos tu talento! 🇻🇪

Mantente al día con lo último de nuestra programación y noticias.

Únete a nuestro canal en Telegram

¿Eres artista o comunicador y quieres que difundamos tu trabajo?

Envíanos tus notas y música a:
otilcaradio@gmail.com
Compartir