El intercambio cultural es un hecho positivo. Es como juego ameno porque a través de él los pueblos logran un mayor desarrollo cultural. Es dar algo y esto abre una capacidad para recibir y así nutrirnos. Nunca solo es recibir.
Cuando se está en la condición de una relación de intercambio, en la cual una de las partes funciona como elemento generador y la otra parte como receptor, no cabe la palabra intercambio y menos, esto de intercambio cultural.
Los anglicismos son parte de una invasión silenciosa con olor a pólvora. Una pólvora que adormece y le resta valor a nuestra dignidad lingüística. Si alguna palabra inglesa no tiene su contraparte en castellano o la palabra en español no describe el significado que tiene en una determinada lengua, usemos estos anglicismos. Ahora si nuestras palabras describen perfectamente una situación, qué razones nos llevan a no usarla.
Basta encender un aparato de radio y estar atento a la publicidad para sentir cómo transcurre este «intercambio». Al prestarle atención a la publicidad generada por los locutores, se entiende lo torcido de este «intercambio» de tiros que va matando nuestra lengua. Antes podía oírse: ofrecemos el servicio de reparto. Hoy es delivery. Si alguno no se «mete» «refinamiento» no se está en nada.
Hay amigos locutores que en un programa de música nacional, se votan enfatizando muy perfectamente este y otro anglicismo. No está mal usarlo ni es un error, pero esto tiene su trasfondo político e ideológico, aunque se piense que exagero. Reel cabe como cápsula. Podemos pedir «me gusta» para los trabajos y no like. Puedo decir publicación, en vez de «post».
Por: Evaristo Marcano Marín
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