Martes 13 en Venezuela: Entre el mito, la fe y los agüeros populares

Martes 13 en Venezuela: Entre el mito, la fe y los agüeros populares

En el imaginario colectivo venezolano, el calendario guarda ciertas fechas con un celo especial. Entre frases cotidianas, refranes heredados y miradas de cautela, el martes 13 se erige como una jornada marcada por la prudencia. En las calles del país, desde los bulliciosos mercados populares hasta las conversaciones en el transporte público, la mítica frase “en martes 13 no te cases, ni te embarques, ni de tu casa te apartes” cobra un vigor singular. Pero, ¿de dónde viene este temor a un día particular y cómo se vive en el contexto venezolano?

La fobia al número 13 (triscaidecafobia) y su combinación con el día martes posee raíces históricas y religiosas profundas importadas de la tradición hispánica. El martes debe su nombre a Marte, el dios romano de la guerra, asociado a la destrucción, la sangre y el conflicto. Por su parte, el número 13 ha estado vinculado históricamente a presagios funestos: trece eran los asistentes a la Última Cena antes de la crucifixión de Jesús y trece es el capítulo del Apocalipsis reservado al Anticristo. Al fusionarse en la cultura hispanoamericana, el martes 13 se transformó en la fecha por excelencia para evitar tomar decisiones trascendentales, firmar contratos o emprender viajes.

En Venezuela, esta fecha no suele paralizar el país, pero sí activa un conjunto de rituales, cautelas y giros de humor caribeño. A pesar de la modernidad y el escepticismo, las expresiones de resguardo espiritual y los agüeros tradicionales se acentúan. Para muchos venezolanos, más que un miedo paralizante, el martes 13 representa una oportunidad para sintonizar con la sabiduría popular y proteger el hogar, la salud y la prosperidad mediante creencias que han pasado de generación en generación.

Algunas supersticiones populares en la cultura venezolana

Barrer la casa hacia afuera para expulsar las malas energías

Una de las costumbres más arraigadas en los hogares venezolanos es el uso ritual de la escoba como herramienta de limpieza tanto física como espiritual. Existe la firme creencia de que al barrer desde el interior de la vivienda hacia la puerta principal se arrastran y expulsan las vibraciones negativas, la envidia y las malas influencias acumuladas. Asimismo, la tradición advierte tajantemente que jamás se debe barrer sobre los pies de una persona soltera, pues de hacerlo se le condena a quedarse sin matrimonio, ni tampoco se debe barrer de noche, ya que esto «ahuyenta la riqueza» del hogar.

El derrame de sal y la contra de la sal invertida

En la cotidianidad venezolana, la sal es un elemento cargado de un doble simbolismo: es fuente de purificación, pero también de «pava» (mala suerte) si se maneja inadecuadamente. Pasar el salero de mano en mano en la mesa se considera un gesto imprudente que atrae discusiones; por ello, la regla dicta colocarlo siempre sobre la mesa para que el otro lo tome. Si por accidente se derrama sal, la persona debe tomar de inmediato una pizca con la mano derecha y arrojarla por encima del hombro izquierdo para neutralizar cualquier presagio funesto y cegar a los malos espíritus que acechan.

El uso de la cinta roja o la azabache como protección

La prevención contra el «mal de ojo» y las energías envidiosas está fuertemente consolidada en la idiosincrasia nacional, especialmente cuando se trata de proteger a los más vulnerables o resguardar la suerte personal. Es sumamente común colocar una cinta o hilo rojo en la muñeca izquierda de los recién nacidos, o bien una figura de azabache tallada en forma de puño (la famosa «higuita»). En días como el martes 13, muchas personas adultas también recurren a llevar una prenda roja o colocar una cinta de este color detrás de la puerta principal para filtrar la energía de quienes visitan la casa.

Poner la cartera en el suelo ahuyenta el dinero

El respeto por la prosperidad económica se refleja en pequeños gestos cotidianos que cobran especial relevancia durante las fechas consideradas aciagas. Una de las supersticiones más extendidas entre las mujeres venezolanas es que la cartera, bolso o billetera jamás debe colocarse directamente sobre el piso. Según la creencia popular, el contacto del bolso con el suelo provoca que la abundancia y el dinero «se vayan caminando» o se esfumen con rapidez. Para mantener la estabilidad financiera y atraer la buena fortuna, los bolsos deben permanecer siempre elevados sobre sillas, percheros o el regazo.

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2026-10-13