Expresión venezolana: “Matar un tigre”

Crónicas

“Matar un tigre” se refiere a hacer un trabajo a destajo, freelance. Aunque se usa en todas las ocupaciones y profesiones, el sector que más utiliza esta expresión es el de los músicos

Nos referimos a una expresión caraqueña, extendida por la geografía venezolana. No tenemos tigre propiamente dicho. Lo más cercano es un pariente endémico de las tierras americanas que es el jaguar, aunque más próximo al leopardo que a su primo asiático. En sus zonas nativas recibe diferentes denominaciones en español: jaguar, yaguar, yaguareté, jaguareté, tigre o tigre americano. Yaguar y yaguareté provienen del guaraní yaguar, ‘fiera’, y ‘eté’, ‘verdadero’, y probablemente llegó al español por vía del portugués o del francés, lo cual explica la alteración hacia la forma con j: jaguar. De ahí proviene el nombre de una zona de la ciudad llamada “La Yaguara” que recuerda tiempos pretéritos cuando estos felinos deambulaban a sus anchas por las zonas australes de Caracas.

Pero “matar un tigre” se refiere a hacer un trabajo a destajo, freelance. Aunque se usa en todas las ocupaciones y profesiones (los diseñadores “matan un tigre” al hacer el logotipo de una empresa por encargo; los albañiles hacen lo mismo al levantar un muro en una casa, “el tigre lo mata” también quien le hace una suplencia a su colega, etc.), el sector que más utiliza esta expresión es el de los músicos: “anoche maté un tigre en un bar”, “esta noche tengo un tigre con la orquesta de salsa”, y otra frase (amargamente común): “aún no me han pagado el tigre del mes pasado”. Cuando la paga es poca, se atenúa con el diminutivo “tigrito” quizás para dulcificar las expectativas y no caer en depresión. ¿Por qué los músicos? porque es en ese medio que nace y se acuña la expresión. Pero remontémonos en el tiempo de la Caracas de inicios del siglo XX.

En la capital de Venezuela, a poco de la expansión petrolera, empieza un desarrollo que da inicio a la transformación de aquella ciudad bucólica pintada por poetas y artistas del romanticismo a una ciudad moderna: los coches y tranvías pasan a ser sustituidos por carros y autobuses a motor, llega la radiodifusión, empieza el éxodo desde el interior del país en búsqueda de una vida mejor así como de aquellos provenientes del exterior huyendo de las guerras o empleados de las transnacionales petroleras y no petroleras que emplazan sus sedes en el país.
La música en aquel entonces

Una de las manifestaciones musicales de boga en los Estados Unidos, a la sazón era el ragtime y abundaban los grupos de dixieland y precisamente es ese estilo musical que se traen los empleados estadounidenses que vienen a trabajar en este país por lo que empieza a difundirse entre los venezolanos.

Tanto impacto tuvo esta música y sus intérpretes en la Caracas de los 20, que los grupos de músicos ajustaron la instrumentación de las bandas de dixieland para interpretar la música venezolana y se convierte en uno de los elementos que contribuye al nacimiento del movimiento musical que nace en Caracas que conocemos hoy como música cañonera.

Aunque las canciones más importantes de los grupos cañoneros eran “Carmen, la que contaba 16 años”, “Sultana del Ávila”, “Alay Cuy Cuy” o “La chica del 17”, también se pusieron de moda canciones venidas del Norte. Sin duda una de ellas fue el ragtime “Tiger Rag”. Grabada en 1917 se convirtió en uno de los patrones de jazz más reproducidos en la historia, por lo que la cosmópolis no podía quedar atrás.

Una de las características para la ejecución de esta pieza es su rapidez, requiere un gran dominio técnico del instrumento, dominio este que era escaso en los novatos músicos capitalinos quienes “padecían” interpretando el famoso rag del tigre (Tiger Rag). La poca pericia en su ejecución hacía que en muchos casos el pobre “tigre” salía “malherido” en las presentaciones de fiestas y celebraciones. Sin embargo el público lo pedía una y otra vez. De allí empezó a hacerse la referencia de: “acabamos de matar al tigre en la fiesta de don Fulano”, “anoche tuvimos que matar al tigre 3 veces”. Obviamente, siempre era en referencia a la interpretación del Tiger Rag. De allí en adelante la expresión empezó a ampliarse para referirse al hecho de haber tenido una “tocata“, es decir, a cualquier actuación.

Lo que al principio fue un código comunicativo de músicos exclusivamente, pronto trascendió a otras ocupaciones, hasta convertirse hoy en una de las expresiones más populares y comunes del léxico caraqueño.

Fuente: AVN