Margariteña lleva el joropo al Cono Sur

Lo que prometía ser una gran gira para la música llanera en el Cono Sur se transformó en una verdadera vitrina cultural. El paso de la delegación venezolana por Buenos Aires, Montevideo y Santiago no solo dejó salas llenas, sino la certeza de que el folklore nacional cuenta con un relevo de oro.

Lejos de ser un simple acto de apertura, la participación de los jóvenes Luisangel Tineo y Alfredo Flores fue estructurada como un puente generacional en el escenario, cumpliendo dos funciones críticas en cada una de las siete presentaciones de la gira.

Un puente entre la tradición y la frescura local

El impacto de ambos artistas radicó en la complementariedad de sus propuestas sobre las tablas:

  • Luisangel Tineo (“La Criolla Margariteña”): Aportó la esencia del oriente venezolano y una frescura femenina indispensable a un género tradicionalmente dominado por voces masculinas. Con su participación, Tineo logró romper esquemas en plazas internacionales, demostrando la versatilidad y el alcance de la voz de la mujer en la música folklórica.
  • Alfredo Flores (“El Pollito de Cabimas”): Sirvió como el embajador llanero en el Cono Sur. Al residir y hacer vida artística en la región (particularmente en Argentina), su conocimiento del público local facilitó una conexión inmediata e intensa entre el escenario y los asistentes, acortando distancias geográficas a través de la música.

Madurez vocal y el arte del contrapunteo

Compartir tarima con las potentes e históricas voces del Barinés de Oro y el Alcaraván exigía una madurez vocal impecable. Luisangel y «El Pollito» superaron las expectativas al demostrar un dominio total de los tiempos del joropo, sosteniendo el nivel musical ante los exigentes y veloces arreglos del arpa, cuatro y maracas de la banda oficial.

Uno de los puntos más altos de las siete presentaciones fue el duelo de versos improvisados. El Pollito de Cabimas, reconocido por su agilidad mental y su potente timbre de voz —el cual le dio su característico apodo desde niño—, electrizó al público en los segmentos de contrapunteo, demostrando que la tradición del ingenio llanero está a salvo en la nueva generación.

Fenómeno de nostalgia y orgullo

Para las miles de personas que llenaron los recintos en Argentina, Uruguay y Chile, ver a dos jóvenes defender el folklore con tanta propiedad generó un fuerte impacto emocional. Las presentaciones trascendieron el formato de un concierto estándar para convertirse en un fenómeno de nostalgia, identidad y orgullo cultural, consolidando el joropo como un patrimonio vivo que cruza fronteras y generaciones.

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