El pilón en la isla de Margarita
En el corral del rancho/ resuenan los golpes del pilón/ pon,pon-pon,pon…/

Y a los rudos golpes del pilón que suena/ las dos guapas mozas/ de carnes

Morenas, se baten a coplas/ (Lárez Granado, Francisco, 1936: 47-48).

Introducción:

Durante la cuarta década del siglo XV, con la llegada de los portugueses a las costas del Golfo de Guinea, ya existían en ese espacio geográfico grandes zonas de cultivo de los siguientes rubros agrícolas: una variedad de arroz, conocida actualmente con el nombre de arroz africano (Oryza glaberryma); la malagueta, en sus dos tipos: Pimienta racemosa, de donde se extrae el bay rum y Pimienta dioica, conocida como pimienta dulce o guayabita; el mijo (Penniselum typhoideum); la pimienta negra (Piper nigrum) y el sorgo (Sorghum vulgaris), lo cual, llevó a los nautas lusos a identificar esa región con el nombre de Costa de los Granos (Grain Coast, también conocida como Costa de la Pimienta), actualmente, formando parte, casi en su totalidad, de la República de Liberia y algunos sectores correspondientes a la República de Sierra Leona.

Conviene destacar, en lo que respecta al cultivo y procesamiento del arroz en esa época, que era una actividad fundamentalmente femenina. Al respecto, Richard Jobson, quien estuvo en esa región sur sahariana en el año de 1624, comenta lo siguiente:

Estoy seguro de que no otra mujer puede hacer tal servidumbre: con unos palos grandes que llamamos morteros, golpean y limpian el arroz y todos los otros cereales que comen (Carney A., J., 2015: 7).

Es menester señalar, además, que las mujeres de la etnia Mandé, es decir, Mandingas, eran también las únicas que llevaban a cabo todo el proceso agrícola del arroz, desde el cultivo hasta la molienda en pilones, sin que participasen los hombres en la referida actividad. Asimismo, las mujeres pertenecientes a la etnia Wolof o Jelofes de Nigeria, también usaban el pilón para majar variadas raíces y granos, pues se trataba de un oficio fundamentalmente femenino (Navarrete, Cristina, 1994: 76). Durante la realización de esta actividad, generalmente, las mujeres entonaban cantos tradicionales cuyas letras transmitían historias y vivencias de sus antepasados.

El Pilón en Margarita

Allá arriba en aquel cerro, donde llaman Tingo Tingo, las gallinas pilan mái…

Íntimamente relacionado con la preparación de los alimentos se encuentra el utensilio de cocina conocido con el nombre de pilón. Su presencia y uso en Margarita, fundamentalmente para pilar maíz (Zea mayz L.), data desde los primeros tiempos de la época provincial tal como se evidencia, por ejemplo, en el documento de compraventa de la Hacienda de sacar Perlas de Bartolomé de Vargas Machuca (hermano del gobernador del territorio insular, Bernardo de Vargas Machuca) fechado en la ciudad de La Asunción, el 18 de enero del año de 1612, en el cual se menciona, entre otros tantos pertrechos que forman parte del menaje de dicha embarcación, a un pilón de pilar maíz (Tardieu, J.P., 2008: 119-120).  

Se trata de un mortero de madera de forma cilíndrica de un metro de altura aproximadamente y unos treinta centímetros de diámetro (Rodulfo Mata H., 1994: 136), el cual se complementa con un mazo largo también de madera con un peso estimado de cuatro kilogramos y conocido con el nombre de mano de pilón. Ambas herramientas se elaboran con maderas duras, entre otras , el guayacán (Guajocum Officinale L.) y el durote (Caesalpina Mollis) (H.B.K. Spray).

En el mencionado cilindro, se majan o muelen distintos tipos de granos previamente humedecidos con la finalidad de que la cáscara que los cubre se afloje para así ir formando la masa que será utilizada en la elaboración de las variadas preparaciones alimenticias. En la Isla de Margarita se suele colocar alrededor de la boca del pilón un paño o tela gruesa, tradicionalmente conocido como bordero, para evitar que los granos se salgan del cuenco cuando se lleva a cabo el accionar de la molienda. 

El pilado es una actividad la cual consiste en ir golpeando acompasadamente con el mazo los granos de maíz previamente colocados en el interior del mortero. Generalmente, según refiere el escritor costumbrista margariteño José Joaquín Salazar Franco, Cheguaco, cada pilada corresponde a cuatro medidas, es decir, cuatro kilogramos aproximadamente y debe hacerse de manera continua, sin pausa, pues, de lo contrario, la masa tiende a estropearse, es decir, se embucha o se pasma.

Al igual que en tierras sur saharianas se trata fundamentalmente de una tarea femenina la cual puede hacerse de una manera individual o en compañía de otra mujer. En este caso, las pilanderas se colocan una frente a la otra para ir realizando la molienda sujetando cada una su respectivo mazo con las dos manos, subiendo y bajando los brazos sincronizadamente.

Durante el tiempo de duración de esta labor, las mujeres no deben beber agua ni líquido alguno. Asimismo, después de haber concluido esta actividad, tampoco deben bañarse para evitar los espasmos. Según dicta la tradición, los hombres no deben realizar esta labor del pilado por cuanto se le descuelgan los testículos; en caso contrario, se les considera amujerados.

Además del maíz, el pilón también es utilizado en el proceso de descascarar el café crudo y pulverizar el tostado. Cabe destacar además, que en la Isla de Margarita, durante mucho tiempo, hubo pilanderas que alquilaban su trabajo a domicilio (Salazar Franco, J.J., 1986: 25 y 26. Véase también, Ramón y Rivera, L.F., 1969: 18 y 32).

Cantos de Pilón

En la región geohistórica insular neoespartana destacan, entre otros, los llamados Cantos de pilar maíz, entonados por las mujeres durante la realización de esa agotadora y extenuante actividad, cuya melodía se escucha entrecortada por los golpes acompasados de la mano de pilón (4 Kg. de peso aproximadamente) sobre los granos de maíz previamente humedecidos y colocados en el mortero acompañado de una especie de jadeo repetitivo que comienza con las expresiones oy, ay u oy…on.

Según refiere, L.F. Ramón y Rivera, el jadeo y el golpe corresponden a cada uno de los tiempos de un 2 x 4, que ocupan alternativamente las dos mujeres que realizan el pilado…el rudo ejercicio lo disimulan cantando oy (Ramón y Rivera, L.F., 1980: 32).

El cantautor insular, José Elías “Chelías” Villarroel, por su parte, señala que la característica melódica de los Cantos de Pilón de la Isla de Margarita, es muy distinta a como se canta en otras regiones del país (Villarroel, J. E., 2001: 20).

Al respecto, leamos los ejemplos siguientes:

Está la chicharra seca/ pegá de la empalizá/ escuchando lo que dicen/ para irlo/ a murmurá/ (Villarroel, J.E., 2001: 20).

Oy, Oy,Oy/ On, On,On/ ya me duela la cabeza/ de tanto dale al pilón/ para engordar un cochino/ y comprarme un camisón/ (Citado en Rodulfo Mata, H., 1994: 257).

Según la opinión de algunos estudiosos de esas expresiones musicales, los jadeos, gemidos y exclamaciones que suelen formar parte de los respectivos contenidos de los referidos Cantos de Pilón, evocan reminiscencias africanas.

Así, pues, de esta manera, hemos realizado una sucinta y resumida descripción sobre una de las expresiones musicales tradicionales característica de eso que solemos llamar La Margariteñedad.

NOTA:

Buena parte del contenido del presente artículo/crónica lo hemos tomado de nuestro estudio investigativo aún inédito: Esclavitud Negra en la Provincia de Margarita.

Fuentes Consultadas

Carney, Judith A. (2015): “El origen africano del cultivo del arroz en las Américas”. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia. 67 (1), enero-junio. Págs.: 1-15.

Castañeda Malavé, Francisco Emilio: Esclavitud Negra en la Provincia de Margarita. Inédito.

Gómez Rodríguez, Ángel Félix (1991): Historia y Antología de la Cocina Margariteña. Caracas: Armitano Editores.

Lárez Granado, Francisco (1936): Playas (Poemas). Caracas: Cooperativa de Artes Gráficas.

Navarrete, Cristina (1994): “Cotidianidad y cultura material de los negros de Cartagena en el siglo XVII. Revista América Negra, Nº7. Colombia.

Orbegozo Hernández, Camila (2023): “El Valor Simbólico del Pilón dentro de la Cultura Material. Una apuesta por el Patrimonio Material Afrodiaspórico”. Pereira, Colombia (Trabajo de Grado aprobado en la Especialización de Estudios Afrolatinoamericanos y Caribeños, CLASO FLASCO).

Ramón y Rivera, Luis Felipe (1966): “Música afroide en el estado Sucre”. Oriente. Revista de Cultura de la Universidad de Oriente. Año 1. Nº1. Págs.: 34-39.

Ramón y Rivera, Luis Felipe (1969): La Música Folclórica de Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores C.A. (Colección Temas Venezolanos).

Rodulfo Mata, Heberaldo (1994): Artesanía Folclórica Margariteña. Isla de Margarita: FONDENE.

Salazar Franco, José Joaquín (Cheguaco): Usos y Costumbres Tradicionales en Margarita. Tacarigua de Margarita, 1986.

Tardieu, Jean Pierre (2008): “Perlas y piel de azabache. El negro en las pesquerías de perlas de las Indias Occidentales”. Anuario de Estudios Hispanoamericanos. Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 65-2. Julio-Diciembre, págs.: 91-124.

Villarroel, José Elías (2001): Orientación Poética. Estudio sobre Demopodia y Folclore. Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta. Cuadernos de Difusión Nº2. Coedición: Instituto Autónomo de Cultura y Patrimonio/Rectorado de la Universidad de Oriente.

Por: Francisco Emilio Castañeda Malavé

Foto: Referencia

Otilca Radio

¡Impulsamos tu talento!

Mantente al día con lo último de nuestra programación y noticias.

Únete a nuestro canal en Telegram

Envíanos tus notas a: otilcaradio@gmail.com

Compartir

Inversión Social Estratégica

Súmese a nuestro modelo de Sostenibilidad Cultural y Educativa. Transforme su aporte en impacto social medible a través de criterios ESG.

Aportes Directos (Venezuela - Pago Móvil):

Bancamiga | 04145079607 | J-30711424-0