El Aula Magna vibró con la OSV y el Orfeón de la UCV

Las imponentes «Nubes Flotantes» de Alexander Calder volvieron a ser testigos de un hito musical y cultural sin precedentes. En una majestuosa gala que entrelazó la nostalgia, la academia y el orgullo nacional, la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) y el Orfeón Universitario de la Universidad Central de Venezuela (UCV) se unieron para celebrar el 25° aniversario de la declaración de la Ciudad Universitaria de Caracas como Patrimonio Mundial de la UNESCO.

El evento, que coincidió con la emotiva celebración del Día del Egresado Ucevista, comenzó con las palabras de bienvenida del rector de la institución, el doctor Víctor Rago. En su discurso, la máxima autoridad de la «Casa que vence la sombra» extendió una firme invitación a la sociedad y a la comunidad académica a seguir resguardando y valorando este templo de luz, conocimiento y civilidad.

Un viaje a la acústica de los años 50

Bajo la impecable dirección musical del maestro invitado Felipe Izcaray, la OSV diseñó un programa con un valor histórico excepcional. La primera parte de la gala revivió con exacta fidelidad aquellas legendarias pruebas acústicas que la orquesta realizó en la sala durante la década de los años 50, antes de su inauguración definitiva.

Para honrar este hecho de la ingeniería y la música, se interpretaron las obras originales con las que se calibró el sonido del Aula Magna por primera vez: la enérgica Obertura del Festival Académico de Johannes Brahms y la evocadora Suite Peer Gynt de Edvard Grieg.

Posteriormente, el repertorio transitó hacia el nacionalismo musical venezolano, despertando un profundo sentido de pertenencia en el público presente con la ejecución de tres piezas fundamentales de nuestra herencia cultural:

  • Fuga Criolla, de Juan Bautista Plaza.
  • Río de las siete estrellas, del maestro Evencio Castellanos.
  • Suite Caraqueña, del compositor Gonzalo Castellanos Yumar.

El brillo de la celesta: Samuel Abraham González Quintero

Uno de los matices más especiales de la jornada fue la participación del joven músico Samuel Abraham González Quintero con tan solo 11 años de edad, quien formó parte de esta gala como invitado especial de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. González Quintero tuvo la enorme responsabilidad de interpretar la celesta, un instrumento de teclado y percusión que aporta un color tímbrico mágico y celestial, esencial para texturas orquestales tan delicadas como las exigidas en la obra de Grieg y en los poemas sinfónicos nacionales.

Su ejecución sumó una notable finura técnica a la impecable sonoridad de la orquesta, demostrando el alto nivel de la nueva generación de instrumentistas que colaboran con la institución musical más antigua del país.

Cierre monumental junto al Orfeón Universitario

El ambiente de nostalgia y emotividad preparó el escenario para el punto cumbre de la gala. Las voces del Orfeón Universitario de la UCV, el coro universitario más antiguo de Venezuela, conmovieron profundamente a la sala al interpretar la conmovedora pieza Las Horas, también de la autoría de Juan Bautista Plaza.

Para clausurar el encuentro con el broche de oro que la ocasión merecía, la Orquesta Sinfónica de Venezuela y el Orfeón Universitario fundieron sus talentos para entonar el Himno de la UCV. El canto unísono de la audiencia y los artistas bajo la acústica perfecta de Calder reafirmó que el Aula Magna sigue latiendo con la misma fuerza que ha marcado su historia durante décadas.

Foto: Juan Pablo Pérez / Laurys Salamanca / @fraii27

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