El suelo deja de moverse, pero en la mente el temblor continúa. Trastornos del sueño, desorientación y una profunda alteración de la realidad son algunos de los síntomas posteriores a un terremoto que no solo afectan a las víctimas directas en la zona del desastre, sino también a miles de espectadores que consumen la tragedia a través de sus pantallas.
Especialistas aseguran que el estado de alerta constante después de eventos traumáticos de gran magnitud desencadena una respuesta cerebral defensiva. Ante la pérdida abrupta de seguridad, el cerebro busca recuperar el control activando un estado de hipervigilancia, manteniéndose preparado para una nueva amenaza que, aunque no sea inminente, se siente como tal.
La réplica emocional en sobrevivientes y espectadores
La distancia física no siempre aísla del impacto psicológico. La exposición constante a imágenes devastadoras y testimonios dolorosos genera un fenómeno de trauma secundario.
“Tanto los sobrevivientes como los espectadores van a presentar sintomatología caracterizada por miedos, sobresalto ante ruidos mínimos, ansiedad, palpitaciones, mareos, pesadillas, tensión muscular, impotencia, alteración del sueño, y van a tener recuerdos involuntarios de lo vivido», enumeró Adela Rivera, médico psiquiatra.
Esta respuesta automática demuestra que el sistema nervioso no distingue del todo entre el peligro real en el terreno y la simulación hiperrealista que ofrecen las redes sociales y los medios de comunicación.
Estrategias de contención y desintoxicación digital
Para disminuir la intensidad de estos síntomas y devolverle la calma al organismo, los expertos sugieren pautas estrictas de autocuidado:
- Dosificación de pantallas: No exceder los tiempos de exposición a las noticias. Se recomienda fraccionar el consumo en bloques de 15 minutos durante el día y la noche, evitando la sobreinformación antes de dormir.
- Ejercicios de respiración: Utilizar el cuerpo para calmar a la mente. “Se recomienda realizar respiraciones diafragmáticas, inhalando en cuatro tiempos y exhalando en ocho tiempos”, detalla la especialista.
Validar para sanar
Un error común es patologizar el sufrimiento inmediato. Los psicólogos y psiquiatras enfatizan la importancia de validar emociones como el miedo y el llanto. Lejos de ser muestras de debilidad, se trata de respuestas normales ante situaciones completamente anormales.
Estas manifestaciones actúan como válvulas de escape naturales del cuerpo y, en la mayoría de los casos, disminuirán de forma progresiva a medida que se restablezca la rutina y el entorno recupere su estabilidad.
Con información de: Unión Radio
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