Benito Quirós «Rey del Galerón»

Benito Quirós «Rey del Galerón»

El 17 de mayo de 1967, la música tradicional venezolana perdió una de sus cuerdas más vibrantes. En una de las camillas del Hospital «Manuel Núñez Tovar» de Maturín, y a la temprana edad de 44 años, se apagó la voz de José Benito Quirós Gutiérrez. Con su partida, el folklore nacional despide no solo a un extraordinario cantante y compositor, sino al hombre que se convirtió, por derecho propio y aclamación popular, en «El Rey del Galerón».

Un larense con alma oriental

Aunque su leyenda se consagró bajo el sol del oriente venezolano, Benito Quirós nació lejos de las costas, en el estado Lara, el 19 de marzo de 1919. Sin embargo, la geografía musical no conoce de fronteras. Su vida fue un constante viaje, una travesía sobre ruedas en la que su carro no solo transportaba su equipaje, sino también el alma de un pueblo plasmada en canciones.

Su campo de trabajo predilecto fue el oriente del país. Allí, Quirós se convirtió en una figura infaltable en:

  • Los tradicionales Velorios de Cruz de Mayo.
  • Los festivales patronales de los pueblos más recónditos.
  • Las estaciones de radio locales, donde muchas de sus presentaciones se ofrecían de forma totalmente gratuita, impulsado únicamente por el amor al arte y el respeto a su audiencia.

El pionero solitario

Benito Quirós fue un pionero en la difícil tarea de ganarse la vida a través de la música tradicional. En una época sin las plataformas ni las industrias musicales de hoy, él fue su propia empresa. Nunca tuvo un mánager. Se representaba a sí mismo, negociaba sus contratos en el camino y se entregaba al público sin intermediarios.

Lamentablemente, la vida del artista independiente suele ser tan bohemia como precaria. A pesar de su inmensa fama y del cariño de miles de seguidores, Quirós nunca amasó una fortuna material. Su riqueza siempre estuvo en los aplausos y en el respeto de sus pares.

El último gesto de hermandad: > La paradoja de su vida artística quedó grabada en su hora final: el hombre que regaló tantas alegrías no poseía los recursos para sufragar su propia despedida. Fue gracias al financiamiento de su compadre, el también destacado artista y compositor Pedro Rafael Bellorín, junto a la generosa colaboración del pueblo de Monagas, que se pudieron costear los gastos fúnebres para darle una sepultura digna.

Un legado que no se extingue

El «Rey del Galerón» se ha marchado físicamente, pero deja un vacío imposible de llenar en la música venezolana. Su audacia para recorrer el país, su estilo inconfundible y su mística de juglar indomable quedan como escuela para las futuras generaciones de cantautores.

Maturín hoy llora a Benito Quirós, pero el viento del oriente seguirá cantando sus galerones, asegurando que su voz permanezca viva mientras un cuatro venezolano siga sonando.

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