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El 16 de febrero de 1924, la brisa de Los Millanes cambió su frecuencia. No fue un soplido cualquiera; fue un suspiro de la tierra que anunciaba la llegada de un alma predestinada a traducir el paisaje en verso. Aquel día nació José Elías Villarroel, el hombre cuyos ojos quedaron impregnados por el azul infinito del Caribe y cuya voz se convertiría, décadas más tarde, en el latido rítmico de la identidad insular: «El Decano del Folklore Neoespartano».
El bautismo del salitre
La historia de «Chelías» no se escribe sobre papel, sino sobre el movimiento de las olas. Siendo apenas un niño, a bordo de la balandra «Esperanza» y bajo la tutela de su abuelo, José Elías descubrió que el mundo era una inmensa rima de agua y cielo.
Fue allí, entre el sudor de la faena, el vuelo de los pájaros marinos y la bruma del amanecer, donde se sembraron las simientes de su arte. Aquella viveza infantil no era más que el ensayo de una prodigiosa capacidad de improvisación. En la soledad de la mar, Chelías aprendió a deslizarse entre endecasílabos de arte mayor, a construir liras y sonetos con la misma precisión con la que un marinero anuda sus cabos.
La arquitectura de la «Margariteñidad»
Chelías Villarroel no solo cantó; él edificó una defensa sonora de lo nuestro. Su repertorio es un atlas musical de la región: malagueñas, jotas, polos, gaitas, aguinaldos y el inconfundible puntillanto, esa melodía que parece llorar y reír al mismo tiempo.
Su voz, de una sencillez profunda, nunca buscó el artificio, sino la esencia pura del pueblo guaiquerí. Como él mismo solía decir:
“Uno va escribiendo la letra y se va imaginando el ritmo… me sentiré feliz si llego a lograr que la sencillez de mis expresiones sean comprendidas y apreciadas”.
Esa búsqueda de la comprensión colectiva fue lo que lo llevó a ser reconocido como Patrimonio Cultural de Nueva Esparta y Premio Nacional de Cultura. Sus versos son reflexiones curtidas por el sol, inquietudes de un hombre que vio en la música la forma más hermosa de expandir los sentimientos que el salitre talló en su alma.
Otilca Radio / Fuente: Verni Salazar
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