Crónicas de Edward Ernández Caraballo: La vida musical porlamarense (I)

Crónicas

En esta crónica hablaremos de los primeros grupos musicales, que hicieron vida en la Ciudad Marinera de la Isla de Margarita, Porlamar.

Para hablarles de los inicios de la vida musical porlamarense, he de comenzar retrotrayéndonos, desde aquél pasado 17 de abril del año 1913, cuando por iniciativa del señor Ramón Espinal Font, se constituyó la Sociedad Progreso Filarmónico de Porlamar, cuyo objetivo primordial era el de establecer una banda melódica. Por no encontrar suficientes elementos como para conformar la anhelada agrupación, se decidió a crear una Escuela de Música, siendo el general Pedro Ducharne, presidente del estado para la época, quien donó algunos instrumentos musicales y, por diligencias de Espinal Font, ante el gobierno nacional, se logró otro provechoso donativo que llenó de júbilo a los porlamarenses. De esa escuela surgieron valiosos músicos que más tarde se dedicaron a alegrar las tardes en la ciudad marinera con aquellas recordadas retretas en la plaza San Nicolás, luego decretada plaza Bolívar, ante numeroso público que se deleitaban con los acordes de la naciente agrupación. Pasado el tiempo, el recordado músico don Lino Gutiérrez, nativo del sector El Poblado de Porlamar, se dedicó a enseñar sus conocimientos a muchos jóvenes amantes de ese maravilloso arte de Euterpe y, fundó en agosto de 1925 la Unión Filarmónica “Luisa Cáceres”, teniendo como integrantes a: Cosme Gutiérrez, Hilario “Yayo” Cedeño, Antonio “Toño” Aristimuño, Antonio Sánchez, Miguel Herrera, Salvador Ernández, Horacio González Meneses, Nicolás Carreño, Eduardo Tartabú, Rafael Requena, Adolfo Sánchez, Pedro Celestino Vásquez y Vásquez, Andrés Ricardo León, Jesús Avila Ramos, Carlos Mata y los hermanos Francisco e Inocente Carreño, estos últimos,  reconocidos ampliamente en todo nuestro país y más allá de nuestras fronteras patrias.

En la enseñanza musical de Porlamar, se destacaron además de Espinal Font y Lino Gutiérrez, la señora Sofía Limonta Mora quien tomó la iniciativa de crear otra escuela de música. Así mismo ocuparon lugar de honor en estas enseñanzas Francisco Javier Márquez, Gabriel Ortega, Vicente Cedeño, Josefa Manuela de Ortega y Alejandrina Marcano.

En la década de los años 60, abre sus puertas al público ávido de aprender el arte escrito en  pentagrama, la Escuela de Música “Inocente Carreño”, contando con la dirección del músico y cantante lírico  italiano  José Nucce y, como profesores, el maestro don Lino Gutiérrez quien impartía clases de teoría, solfeo y violín, José Emilio “Chemilito” D’ León, piano, Isidro Spinetti, cuatro y guitarra, además eran impartidas clases de danza moderna a cargo de la joven Lotruggio, esposa del malogrado y siempre recordado amigo del pueblo porlamarense, Vito Lotruggio, propietario de la recordada zapatería Italia en la calle Guevara de Porlarmar.

Cabe indicar, que en el año 1977, el Concejo Municipal “Santiago Mariño” decretó la creación de la banda Municipal “Don Lino Gutiérrez”, escogiéndose el día del santo Patrono de Porlamar, San Nicolás de Bari, o sea el 6 de diciembre del referido año, para su fundación y primer concierto en la plaza Bolívar, dirigido por el maestro José Miguel Ugueto.

Esta síntesis inicial, sirve para dar paso a lo que he de referirme sobre parte de la historia de la música popular porlamarense del siglo XX cuando comenzaron a organizarse bandas y pequeñas orquestas como la recordada “Ritmos del Caribe” en la década de los 50 y parte de los 60, creada y dirigida por el maestro don Lino Gutiérrez. En esta famosísima agrupación figuraban como saxofonistas, Perucho y Peruchito Tabasca, padre e hijo, Chuito Tabasca en la conga, Adolfo “caraota” López, timbalero, José Mercedes Carreño, cantante bolerista y guarachero, recordado por aquella bolero que interpretaba: “Los garretes que le fartan a la luna”, donde también figuraba el amigo José María “Morochoputero” Carreño, hermano de José Mercedes quien también entonaba aquellos  bolerazos latinos y guarachas de todos los tiempos. Los encargados de soplar el cobre de las trompetas, eran los hermanos, Lino e Israel Gutiérrez, conocidos ampliamente para entonces, como: “Los Morochos de Lino” por ser nietos de don Lino Gutiérrez, excelentísimos a la hora de ejecutar maravillosamente su instrumento musical. El músico asuntino Ernesto Rordriguez, era el ejecutante del contrabajo, luego se integraron, entre otros, Silvio Valdiviezo, Germán “Sonero Mayor” Rodriguez, el niño Nabor Tabasca a quien encaramaban sobre una lata de leche Klim, para que pudiera alcanzar la tumbadora y, nada más y nada menos, en la guitarra, el popular Luis “Lichocuartico” Moya.

Como en las agrupaciones musicales siempre han existido disconformidades entre sus integrantes, por alguna u otra razón, al maestro Lino no le gustó esa disonancia hostil  y, con el fuerte carácter que lo identificaba, agarró su violín y, como quien dice, se fue con su música para otra parte, llevándose consigo el nombre de la agrupación, no sin antes recriminar a los rebeldes melómanos: “Hagan ustedes lo que les dé la gana cuerda de sinvergüenzas, vayan a joder a otro”.

Esa disputa dio pie, a que los músicos discordantes, crearan una nueva agrupación que denominaron: “La Ritmos del Caribe y su nuevo tumbao”, con la cual se dieron conocer, Cuenta la conseja popular, que durante el debut artístico musical  en el Chez Lino, sitio de recreación por excelencia de los porlamarenses de los años 50 y 60, fue invitado, de manera especial, el maestro Lino Gutiérrez a quien inquirieron acerca de su parecer sobre la naciente orquesta. El maestro, con esa chispa margariteña y gran conocedor de la magia de redondas, blancas, corcheas, fusas y semifusas,, les respondió: “Sí, muy bien muchachones, pero quiero decirles seriamente, que ustedes… de Ritmo no tienen nada, pero de Caribe lo tienen todo”. Salud y buena suerte amables lectores. 

(sagitario200902@hotmail.com).