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La Isla de Margarita no es solo un destino de playas vibrantes y comercio dinámico; es también un refugio de biodiversidad protegido bajo figuras legales que custodian su esencia más pura. Entre sus paisajes, dos monumentos naturales destacan por su contraste y su importancia ecológica: el majestuoso Cerro Guayamurí y la serena Laguna de Las Marites.
Estos espacios, declarados Monumentos Naturales en la década de los 70, representan el equilibrio vital de la región insular y son pilares fundamentales de nuestra identidad geográfica.
El Cerro Guayamurí: El guardián del norte
Ubicado en el municipio Antolín del Campo, el Cerro Guayamurí se alza como una figura inconfundible gracias a su forma de cono truncado, que a menudo se confunde con la silueta de un volcán. Con una altura aproximada de 470 metros sobre el nivel del mar, este monumento ofrece un ecosistema de bosque seco que se transforma a medida que se asciende.
- Flora y Fauna: Es hogar de especies endémicas y una zona de refugio para aves canoras y pequeños mamíferos. Su vegetación xerófila en las faldas da paso a arbustos más densos cerca de la cima.
- Significado: Para los navegantes y locales, es un faro natural. Su presencia domina el paisaje de Playa El Agua y Manzanillo, recordándonos la fuerza geológica que formó la isla.
Laguna de Las Marites: El pulmón acuático
Al sur de la isla, en el municipio García, se extiende la Laguna de Las Marites, un cuerpo de agua hipersalina rodeado de una exuberante red de manglares. Con una extensión de 3.674 hectáreas, es un laberinto de canales donde la vida se manifiesta en silencio.
- El ecosistema de manglar: Aquí conviven el mangle negro, rojo, blanco y botoncillo. Estas raíces no solo protegen la costa de la erosión, sino que sirven de guardería para innumerables especies marinas.
- Santuario de aves: Es un punto crítico para la observación de aves migratorias y residentes, como flamencos, corocoras y garzas, que encuentran en sus aguas alimento y refugio.
Un llamado a la conciencia: El compromiso es de todos
A pesar de su estatus de protección, estos monumentos enfrentan amenazas constantes: la acumulación de desechos sólidos, la deforestación y el turismo irresponsable. La naturaleza no es un escenario estático para nuestro consumo; es un organismo vivo del que dependemos.
¿Cómo podemos ayudar?
- Cero Huella: Al visitar estos espacios, todo lo que lleves contigo debe regresar contigo. Los plásticos en la laguna asfixian las raíces del mangle y matan a la fauna.
- Respeto al Silencio: En la Laguna de Las Marites, el ruido excesivo de motores o música altera los ciclos de anidación de las aves.
- No a la extracción: Llevarse una planta, una piedra o un animal altera el equilibrio del monumento.
La soberanía de un país también se mide por la salud de sus ecosistemas. Cuidar el Guayamurí y Las Marites es asegurar que las futuras generaciones de neoespartanos y visitantes puedan seguir disfrutando de la «Perla del Caribe» en todo su esplendor.
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