En el corazón del sector Las Marvales, isla de Margarita, donde el salitre se mezcla con el ingenio popular, una estructura de madera y hierro desafía la lógica automotriz convencional. No es un espejismo ni una pieza de museo estática; es el “Jeep Catumpy”, un vehículo nacido de la promesa de un tío a su sobrino y que hoy rueda por las calles de Nueva Esparta como un monumento a la determinación venezolana.
La Chispa de la Curiosidad
Todo comenzó de la manera más pura: la mirada de un niño. Al ver a su sobrino divertirse con sencillos carritos de madera, Oscar —quien se gana la vida en el mantenimiento de aires acondicionados— y su hermano sintieron un desafío personal. Lo que empezó como el deseo de fabricar un juguete a gran escala, terminó convirtiéndose en una ambiciosa hazaña de ingeniería artesanal.
«Queríamos demostrar que con voluntad se puede hacer mucho, incluso cuando los recursos son escasos», comentan los hermanos, cuya historia ha comenzado a recorrer la isla de boca en boca.
Arquitectura sobre Ruedas: El «Catumpy» por dentro
El Jeep no es solo una «carrocería bonita». Bajo su revestimiento de madera pura, se esconde un rompecabezas mecánico perfectamente ensamblado con piezas de diversas procedencias, demostrando una adaptabilidad técnica envidiable:
- Esqueleto: Un chasis robusto de viga doble T.
- Corazón: Motor Chevrolet Swift 1.3, conocido por su eficiencia.
- Tracción: Trenes delanteros y traseros de Suzuki Samurai.
- Hibridación: Componentes integrados de Nissan y Chevrolet Corsa.
- Innovación: Un sistema dual de gasolina y gas, ideal para los tiempos actuales, y un tablero digital que contrasta con su exterior rústico.
A pesar de estar construido mayoritariamente con madera reciclada y piezas recuperadas, el Catumpy no escatima en rendimiento: es capaz de alcanzar los 80 km/h, manteniendo una estabilidad que sorprende a los expertos en mecánica.
Más que Hierro y Madera
Para la comunidad de Las Marvales, ver pasar el «Jeep Catumpy» es un recordatorio diario de que el talento no depende de grandes presupuestos, sino de grandes ideas. Lo que para algunos eran «cuatro tablas y un poco de hierro», para Oscar y su hermano fue la materia prima de un sueño funcional.
Este vehículo es, en esencia, un símbolo de innovación local. Representa esa resiliencia del venezolano que, ante la adversidad, no solo sobrevive, sino que crea, inventa y se desplaza hacia adelante. El «Jeep Catumpy» ya no es solo un regalo para un niño; es el testimonio rodante de que, en Margarita, el ingenio no tiene límites.
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