HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: HIDALGO Y EL FISCAL LO TENIA A MONTE

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Cada vez que el viejo Hidalgo bajaba de La Asunción con pasajeros en su carro a Porlamar, al llegar a la plaza Bolívar, un fiscal de transito lo tenía “de sopita” con el fin de sobornarlo. Lo mandaba a parar a la derecha y le pedía los documentos.

Como todo estaba en regla, el viejo Hidalgo le decía al fiscal: y no te doy la partida de defunción, pues todavía no me he muerto ya que es lo único que te falta pedirme. ¿Con que esa tenemos? Prende las luces que las voy chequear. Pon la luz alta. Por aquí todo bien. Ahora la baja. Bien. Pon la luz de cruce a la izquierda. Muy bien. Ahora ponga a la derecha. ¡Ay pajarito, tienes un bombillo del stop quemado!, ¿Qué prefieres, una multa o treinta bolivitas para el almuerzo? Tengo veinte le dijo el viejo. Echa pa’ acá, que peor es nada.

Otro día, el fiscal lo para esta vez para revisar los cauchos a ver si estaban lisos. Todo estaba normal. Cuando lo iba a dejar que se fuera, el fiscal le dice: me voy a la parte trasera del carro y usted acelera el motor; quiero verificar algo. Desde allá le grita: ¡acelera! El viejo lo hace, y el motor echa por el escape una bocanada de humo negro. Ah no chico, tú estás violando el artículo 46 de la ley del ambiente, dame veinte bolívares y te vas.

Meses después el viejo Hidalgo se deja de boberías y vende una parcela. Con el dinero obtenido, le manda a arreglar el motor al carro, le compra cinco cauchos y otros accesorios. Con seis pasajeros llega a la plaza, y ahí estaba el fiscal.
Vamos párate a la derecha, y por favor dame los papeles del vehículo, los de conducir y el certificado médico. De la guantera, el viejo Hidalgo sacó los papeles; y de la cartera la licencia y el certificado dirigiéndose al fiscal: Todavía están calientes pues los renové ayer en la tarde. El fiscal los revisa y no consigue nada anormal se los entrega y le pide que abra la maleta. ¿Y qué vas a buscar allí? ¡Abra la maleta ciudadano! El viejo abre la maleta y el fiscal con el puño cerrado toca el caucho de repuesto a ver si está vacío. Ese es hermano de los otros cuatros que están rodando le dice el viejo. ¡Ajá!, ¿y el triangulo de seguridad? en su estuche, nuevecito_ ¿y esa lámpara Coleman? ah, esa la uso por si acaso me accidento en la noche y con ella alumbro el fiscal saca un cigarrillo y se lo lleva a los labios. Se toca los bolsillos de la camisa y luego los del pantalón y exclama: boté los fósforos y le dice al viejo_ ¿no tienes por ahí un fosforito para encender este cigarro? No tengo fósforo, púes no fumo. ¿Que no tienes fósforo? ¿Con que prendes entonces la lámpara? ¡Ahora si estas multao!

(Tomado de Edgar Rodríguez “El Hijo de Laya” 16-02- 2011)

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