José Luis, mejor conocido en el pueblo como Picucha, salió muy de madrugada para trabajar la parcela que tiene en lo más alto de Cerro Hondo. Salió con su señora y una de sus nietas que disfruta subir el cerro.
Picucha tenía pendiente ese día; limpiar el área donde tiene un cultivo de lechosa y otro de cambur.
Tras un corto reposo con su señora a poco trecho de su parcela, retomaron el camino cerro arriba. Cómo pudieron, apuraron el paso porque sentían que el canto de las guacharacas estaba haciendo que el aire comenzará a subir y pensaron que podría caer una lluvia. Sabía Picucha, que al subir el aire, este se enfriaría y al formar las nubes, era seguro una lluvia.
Llegaron a la parcela y justo en ese momento, comienza a llover y Picucha jala aire y siente un rico olor. La señora que lo observa y casi le lee el pensamiento, le dice: el sabroso petricor, José Luis.
Bajo una mata de algarrobo se acomodaron para ver pasar la lluvia y disfrutar del petricor, que muy cerca de la cima del cerro, es un olor de gloria.
Texto: Evaristo Marcano Marín
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