Leyendas Venezolanas: El pez Nicolás

Por los siglos de los siglos, las costas de la Isla de Margarita han sido el escenario de historias que desafían la lógica y se instalan en el corazón de la cultura popular. De todas ellas, hay una que sigue erizando la piel de los pescadores más experimentados: la leyenda del «Pez Nicolás».

Este relato, transmitido de generación en generación por la vía oral, es mucho más que un cuento de camino; es una profunda lección moral sobre los límites de la obediencia, la religión y las consecuencias del pecado.

Nadie se atreve a ponerle una fecha exacta al nacimiento de esta creencia. Sin embargo, en la mentalidad de los viejos margariteños, el «Pez Nicolás» es una verdad indiscutible. La tradición lo describe como un monstruo marino con una fisonomía perturbadora: cuerpo de pez y rostro de hombre.

Lejos de ser un mito estático, la figura de Nicolás cobró vida en el folclore local. Durante años, diversas comunidades de pescadores lo han escenificado en jocosas y burdas pantomimas como parte de las diversiones de pascuas, bailando al son de danzas tradicionales que mezclan el terror del mito con la alegría de la fiesta oriental.

Aunque todos los relatos coinciden en que el «Pez Nicolás» fue una persona de carne y hueso antes de convertirse en bestia, la tradición popular se divide en dos perturbadoras versiones sobre su origen:

1. El hijo desnaturalizado

La primera versión habla de un joven dominado por la impiedad que intentó seducir amorosamente a su propia madre. Presa del terror de que el «castigo eterno» cayera sobre ella, la madre lo maldijo «una y mil veces con todos los poderes de su corazón». Con una fuerza desesperada, lo empujó al mar, cuyas aguas enfurecidas se encargaron de tragárselo lentamente hasta transformarlo y hacerlo desaparecer.

2. El fruto del incesto

La segunda hipótesis es aún más oscura. Asegura que Nicolás fue el producto de un incesto convenido entre madre e hijo. Tras ocultar el embarazo durante trece meses, la mujer dio a luz a un monstruo con rasgos humanos y de pez. Para encubrir el pecado, los amantes arrojaron a la criatura al mar. No obstante, la justicia divina no tardó en actuar: en ese mismo instante, la tierra se abrió y se tragó a la pareja, borrando sus huellas pero no su horrendo secreto.

El secreto de su origen se habría perdido en el fondo del océano si no fuera por un acto de desobediencia. Cuenta la leyenda que, mucho tiempo después, un pescador cometió la herejía de salir a trabajar un Viernes Santo, rompiendo la sagrada prohibición que dicta que ese día no se debe pescar porque «Dios está muerto» y no hay divinidad que guíe las redes.

Para su sorpresa y horror, el pescador atrapó a la extraña criatura de cuerpo de pez y cara de hombre. Lejos de huir, el Pez Nicolás le habló al pescador, relatándole detalle por detalle el turbio porqué de su maldita existencia.

El impacto psicológico fue tal que el pescador sufrió una fuerte crisis nerviosa. Como pudo, llegó a la playa arrastrando la «pesca maldita» e imploró el perdón de Dios.

Según la revelación divina, el perdón le fue concedido justo al momento del «Toque de Gloria» (el anuncio de la resurrección). Aunque el shock le causó lagunas mentales y lo dejó desmemorizado, el pescador logró transmitir las dos versiones de la historia que hoy conocemos, las cuales, en el fondo, comparten la misma raíz trágica.

Hoy en día, el mito del «Pez Nicolás» sobrevive con fuerza en el oriente venezolano. Para los ancianos del lugar, la historia no es solo entretenimiento: es la demostración palpable del castigo a la inmoralidad y a la desobediencia espiritual. Una advertencia eterna que recuerda a locales y visitantes que, al final del día, «del cielo a la tierra no hay nada oculto».

Fuente: Libro «Mitos y creencias margariteñas» de José Joaquín Salazar Franco (Cheguaco)

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