Eugenio Franco: Mi vivencia entre la Décima

Mi llegada a la décima ha venido a significar una ruta de re-existencia y de reencuentro con la música, gracias a los cantos tradicionales de mi tierra margariteña, en la región insular del oriente venezolano, por la cual he encontrado un medio de expresión que se consustancia con lo más íntimo de la vida rural que determinó a éstas islas desde tiempos pasados.

Básicamente me defino como un músico de atril que de pronto, y por circunstancias de la vida y de la realidad socio-económica que atraviesa Venezuela, me encontré distanciado del entorno que fue habitual para mí durante más de veinte años: el entorno orquestal. El fin de mi vínculo – temporal, y por ahora – con el mundo de la orquesta coincidió con el inicio de mi ejercicio de la función docente dentro de la Universidad Nacional Experimental de las Artes – UNEARTE – y en ese contexto, asumí los cantos tradicionales como medio de expresión válido para contribuir en la formación de los estudiantes en el Programa Nacional de Formación de Música, tanto para los estudiantes de canto popular como para los estudiantes de guitarra popular, cuatro y mandolina, reunidos en torno a la unidad curricular ”Conjunto” en sus distintos niveles.

De ese modo, comencé a procurar los insumos necesarios para garantizar la consecución de los objetivos en el proceso formativo de los estudiantes, y uno de esos insumos fue la poética necesaria para que los cantos tradicionales tomaran cuerpo. En ese punto, vino a coincidir el llamado a concurso de oposición, y dentro de mis inquietudes surgió la temática del mar. Hasta ese  punto creí que ese tema era lo que más me motivaba para desarrollar mi trabajo. Naturalmente creí estar en el camino cierto por ser yo un individuo que toda su vida ha estado vinculado a su tierra natal, y que esta genera todo un entorno poético que sin lugar a dudas invita a imbuirse en él. 

Pero tuve un encuentro fortuito – gracias al vínculo con el estudiantado – con el proceso existencial y ontológico vivido por el músico y cantautor uruguayo Jorge Drexler, en un video de una conferencia tipo TED (Jorge Drexler + Milonga del moro judío + TED https://youtube.com/C2p42GASnUo) que pude apreciar, donde él expresa todo el proceso por el cual Drexler empezó a incursionar en la ruta de la décima. En ese momento comprendí qué me pasaba. Y fue cuando fui en procura de la décima y empecé a buscar entre los cultores populares de nuestra región ese mensaje consonante y octosílabo por el cual han destacado en el ámbito de la música tradicional y popular.

Empecé a buscar el ritmo y la métrica en la naturalidad con la que se expresan en el canto, a la vez que busqué referentes bibliográficos donde se recogiera el zumo contenido de muchos años de praxis en la rima. Fue una dicha toparme con juglares de la talla de José Ramón Villarroel, José Elías Villarroel, Felipe Pérez Castillo, José Ramón González, Jesús Bellorín, Luis Antonio Rodríguez, Teodoro Vásquez, Miguel Serra, Ángel Marino Ramírez, Ernesto da Silva, José Agreda, entre tantos otros que constituyen una mezcla entre los viejos y nuevos referentes; todos ellos abisagrados por la figura emblemática del maestro Alberto Valderrama Patiño, quien se erige como un paradigma a seguir en el proceso formativo de las juventudes de la música tradicional y popular del estado Nueva Esparta en particular, y de Venezuela en general.

En mis primeros intentos, busqué reflejar – lo cual sigo intentando, porque es algo que no se puede ni debe despreciar  – y recoger parte del entorno marino de mi tierra isleña. Y siempre trataba de ubicarme en ese contexto. Fue así como escribí lo que hoy he dado en llamar – y en eso tiene mérito mi esposa, quien comparte conmigo el gusto por nuestra música – “Cuatro estaciones marineras”, donde en cuatro décimas, trato de describir el paso de un día situado frente a la mar, las cuales cantan así:

I

Despliega el día sus albores,
con la brisa marinera;
lluvia de aves se aglomera
sobre peces roncadores.
Raudos vuelan los captores
del marinero festín;
la playa guarda un sinfín
de tropeles – griterío –
que desparrama un gentío
y a la noche pone fin.

II

Con el sol allá en lo alto
la solitaria gaviota
su pirueta al cielo brota
da un giro sin sobresalto.
Toma la playa en asalto
la niñez que chapotea
y alegremente escarcea
su tez se escalda y se abrasa
de luz caribe que traza
y que en la mar se recrea.

III

La tarde pinta su trazo
de tornasoles rosados,
con destellos nacarados
se va vistiendo el ocaso.
Huellas – testigo del paso –
del amor, que se entrelaza
en mil besos, con que amasa
su alma, en la playa infinita;
que a seguir amando invita
y algún lucero acompasa.

IV

Cae la noche estrellada
cual negro velo punteado,
el mar con ritmo calmado
tranquiliza la ensenada.
Un farol cubre la rada
-cual coyuyo que titila-
de un barquito que adormila
-espera quieto el faenar-
que pronto está en comenzar
cuando el alba se destila.

Las anteriores décimas constituyen lo que según los aportes del Prof. Andrés Cartaya, serían décimas sueltas, pero las une la temática marina como hilo conductor de acuerdo a lo ya indicado que describe. Fueron pensadas para ser cantadas en punto y llanto – por preferencia propia – y al mismo tiempo fueron ideadas para tratar de que se cantaran proyectando obras pictóricas que acompañen la descripción brindada en las décimas. En este particular, estoy a la espera de la sobrina de mi esposa quien es estudiante del PNF Artes Plásticas y a punto de egresar, quien desarrolla una técnica basada en la que llegó a desarrollar el artista plástico de origen checo y radicado por muchos años en Margarita, Carlos Stohr.

De acuerdo con varios puntos, entre los expuestos en el contexto del aula virtual, se llegó a referir el hecho de que los decimistas en muchas partes de nuestramérica han llegado a usar su habilidad poética para buscar el sustento a sus hogares. Esto no fue extraño en la Isla de Margarita, y de ese modo se llegó a popularizar entre los cultores de décimas la venta de décimas o décimas vendidas las cuales se componían en grupos de diez a doce décimas donde se narraba en acontecer cotidiano, y de allí que muchas de ellas fueron pasando de boca en boca vía oral entre las distintas poblaciones y perduraron por generaciones.

De allí puedo referir una décima de la cual puedo dar fe del hecho que la pudo haber generado. En mi infancia llegué a ver en las cajas de fósforos – cerillas – retratos de nuestros próceres nacionales como elementos temáticos que servían de atrayente para su comercialización, tal cual pasó años después con las tarjetas telefónicas, por ejemplo. La décima en cuestión es la que sigue y es atribuida a José Ramón González – ya fallecido y quien era ciego – natural de la población de El Cardón en el municipio Antolín del Campo; la décima dice así:

Si Bolívar existiera,
no vendiera su retrato
por un precio tan barato
como está en la fosforera.
Lo venden como a cualquiera
a precio de cigarrillo
dos cajas por un cuartillo
a un hombre de tanta fama
y si alguno lo reclama
muere preso en el castillo.

La vida en las islas que componen la geografía del estado Nueva Esparta, fue por muchos años muy dura y bastante precaria. Las islas eran sometidas a recurrentes períodos de sequía y escasez de recursos. Las fuentes de empleo eran muy pocas y por esta razón fueron varias las generaciones de margariteños y cochenses que se vieron forzados a buscar alternativas de subsistencia en otras regiones del país para procurar el sustento familiar. De ese modo y con el auge del boom petrolero, se fueron asentando “colonias” de margariteños y cochenses en regiones distantes y dispares de la geografía venezolana: Maracaibo, Cabimas y Lagunillas en el estado Zulia, Punto Fijo en el estado Falcón, Puerto Cabello en el estado Carabobo, La Guaira en el antiguo estado Vargas – actual estado La Guaira -, Anaco y El Tigre en el estado Anzoátegui, Maturín y Punta de Mata en el estado Monagas, Carúpano y Cumaná en el estado Sucre.

De ese modo surgió una modalidad vinculada a la décima que estimo sólo se dio – y hasta prueba en contrario asumo que es así – entre margariteños y cochenses que partían y mantenían sus vínculos familiares con los que quedaban en las islas. Esta modalidad consistía en escribirse cartas – como normalmente podría esperarse entre familiares – pero dichas cartas se redactaba buena parte de su contenido en décimas. Puedo referir lo que recoge el cronista Nicanor Navarro en su libro “Retahilas” – del cual no dispongo en este momento un ejemplar en físico dado que tuve que devolverlo – donde destaca el relato de éste tipo de acontecer en un capítulo completo titulado “Cruz Ávila Bonilla” quien era un personaje del pueblo de Los Robles, migrante y quien era dado a escribir a sus amigos que quedaban en la isla sus cartas en décimas. Las respuestas que recibía también tenían las mismas características de estar escritas en décimas.

De igual modo, recoge Nicanor Navarro en dicho libro, sus recuerdos de cómo eran los velorios de cruz en el mes de mayo, concretamente al que se hacía en La Ermita que domina la población de Los Robles donde se ubica una capilla que aun hoy día se preserva en la cima; y de acuerdo a ello, recoge la última vez que apreció el autor al famoso decimista y cantor de galerones Felipe Pérez Castillo en un velorio de éste tipo. De éste personaje, recoge la Prof. Adalys Noriega Rodríguez en su trabajo “La función del galerón en la Isla de Margarita: ayer y hoy” concordancia con la relación que hace Don Nicanor Navarro de tal acontecimiento, cuando señala respecto de Felipe Pérez Castillo que:

“nació en La Sierra, Isla de Margarita, el 16 de Mayo de 1890 y murió el 14 de noviembre de 1994. Según nos contara el galeronista, ante alguna situación o hecho que aconteciera en el entorno social donde vivía, lo buscaban para que hiciera las décimas alusivas a tal suceso. En una ocasión, lo solicitaron para que escribiera versos a un señor llamado Rubén Albornoz, quien se retiraría de su trabajo como maestro en la escuela del Valle del Espíritu Santo. También escribió muchas relaciones de décimas que interpretó en velorios de cruz efectuados en la Isla de Margarita. Sus últimas participaciones, en estos eventos, las realizó durante el año 1967, cantando en los velorios efectuados en La Ermita de Los Robles, El Copey y la Cruz de la Misión”.

La Prof. Adalys Noriega Rodríguez en éste sentido, recoge por vía de entrevista directa al mencionado cultor varias relaciones de hechos acontecidos en su vida cotidiana, ya vinculada a alguno de sus allegados, familiares o amigos. Entre ellas cabe destacar una relacionada con un viaje realizado por Felipe Pérez Castillo en el vapor “San Vicente” rumbo a Barranca del Orinoco donde haría cosecha de maíz en la localidad de Santa Elena del Orinoco, relación que data del año 1931. Esto da cuenta del constante ir y venir de margariteños y cochenses en procura de la necesaria subsistencia, dicha relación  se recoge en cinco décimas y dice así:

I

En casa me suponía
que todo el que se embarcaba
en un vapor y pagaba
su dinero gozaría.
En esa creencia un día
me embarqué en el San Vicente
un viaje rápidamente
sin saber nada el vecino
por un placer del destino
que lo pintó conveniente.

II

Que lo pintó conveniente
salí yo de Margarita
que desde nueva conquista
se llamó Perla de Oriente.
Sale el buque y yo en mente
adiós padres y amigos
adiós lo seres queridos
que rueguen a Dios por mí
o harán desde que salí
como lo tengo entendido.

III

Como lo tengo entendido,
sigue el bajel navegando,
a los puertos visitando
en los días consecutivos.
Los nombraré en buen sentido:
Carúpano, Río Caribe,
Cristóbal Colón y sigue
a Irapa, Yaguaraparo;
parece un cuento y no raro
hacer nota quien escribe.

IV

Hacer nota quien escribe
en un caño que amenaza,
viendo perro, viendo balsa
a voluntad del declive.
Viendo pájaro que sirve
de adorno por sus colores,
viendo a los grandes motores
a los navíos remolcando,
parecían aves volando
luciendo entre ricas flores.

V

Parecían aves volando
en caños de Maturín
vuelve atrás con otro fin
al Orinoco buscando.
Lo noté después anclando
en la ribera del río
inmediato al caserío
de compañía americana,
Campurito y que se llama
me dijo un amigo mío.

En mi vida familiar, me sumé a una cierta admiración hacia la figura de Felipe Pérez Castillo, por el testimonio que brinda mi suegro, el señor Dámaso Oliveros, un genuino campesino de ésta tierra, nacido y criado en la misma comunidad donde nació y vivió el prenombrado cultor: La Sierra; y quien fue también arrullado en el cantar de la décima, apreciando en persona y de primera mano muchas de las mejores participaciones de Felipe Pérez Castillo en las “velaciones” de tiempos pretéritos. De lo que su memoria conserva de manera fresca, añade en forma segura que así como Felipe Pérez Castillo destacó en forma contundente en el ámbito de la décima, también destaca la calidad con que se le igualaba su hermano Fermín Pérez Castillo, de quien también recuerda décimas compuestas en el acontecer diario de aquellos tiempos, como por ejemplo:

I

Adiós, iguana te vas
En las manos de un vallero
perdiste tu paradero
y más nunca volverás.
Amarrada por detrás
con un rabioso cordón
caíste en la prisión
cuando menos lo creías
tan tranquila que vivías
en la cepa de un cardón.

II

Una iguana rabo mocho
que en una cepa vivía
la cogió Matilde un día
dijo que era pa’ un sancocho.
La torció como un bizcocho
y le amarró las manitos
Marcelino: ya está listo,
que no lo sepa Fermín,
y si lo sabe Magín,
Mano Goyo: ¡qué culito!

Esto da cuenta del modo de vida que llevaban los habitantes de éstas islas, y estás décimas refieren al sector de Guatamare, población muy allegada a La Sierra y donde era poseedor de tierras Felipe Pérez Castillo y el resto de su familia. Por dicho sector transitaban muchos habitantes de El Valle y de Los Robles que se aventuraban por esos predios en procura de piezas de cacería como conejos e iguanas, y de lo que eran temerosos porque en muchas ocasiones huían despavoridos cuando los Pérez accionaban sus escopetas para ahuyentar a los que osaban ingresar a sus tierras.

Existe otra categoría, no visualizada en la exposición relatada en el aula virtual de éste seminario, que se conoce como decima tergiversada. De ella da cuenta José Elías Villarroel en el Cuaderno de Difusión N°1 del Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta del año 2001, iniciativa conjunta del Instituto de Cultura y Patrimonio y del Rectorado de la Universidad de Oriente, y que lleva por título “Orientación Poética: Estudio sobre demopedia y folklore”. Allí expone el cultor José Elías Villarroel lo siguiente:

“También en la creatividad poética margariteña se cantaron y se cantan décimas tergiversadas sin apartarse de la consonancia y la rima. Ejemplo:

Antiestético, artiartístico;
antiartístico, antiestético.
místico artista poético,
poético artista místico.
Lea léxico lingüístico,
lingüístico léxico lea;
entra fiel en ésta idea,
en ésta idea entra fiel;
aquí campea Villarroel,
Villarroel aquí campea.

Obsérvese que esta poética forma o modelo de crear décimas, es más difícil que la décima común y corriente. Consiste en retroceder la oración y cuadrarla con las oraciones siguientes sin apartarse de la rima. En la sexta y séptima oración hay que encabezar la palabra que se va a rimar con la décima:

Canta, cantador y versa;
versa, cantador y canta.
Esfuerza bien tu garganta;
tu garganta bien esfuerza.

Según la gramática, pareciera que son hiperbatones, pero en esta versificación lo que se busca es que el adversario se equivoque en la escogencia de la rima, en un contrapunteo. Otra ingeniosidad de los margariteños, es exigirle a otro cantor que cante una décima que termine toda en vocales  o en consonantes. Esto ocasionó que José Elías “Chelías” Villarroel creara un modelo. En zeta, por ejemplo:

La misma zeta de audaz
es la zeta de veloz
pero que cambia en atroz
el sonido de capaz.
La consonancia en voraz,
se tergiversa en feliz
porque cambia la raíz
como altivez y trasluz
nueve con zeta de luz
y diez con la de motriz.

Con éste modelo estructural se cambia la consonante sin perder la consonancia y la rima. Ejemplo:

La misma ele de erial
es la ele de clavel
pero que cambia en tropel
el sonido de crucial.
La consonancia en total
se tergiversa en pretil,
porque la raíz de mil
es igual a la de tul
nueve con ele de azul
y diez con la de gentil.

Si la exigencia del adversario es que termine en vocal, se usa el mismo modelo. Ejemplo:

La misma a de Cumaná
es la a de Tacarigua
pero que cambia en antigua
el sonido en Perijá.
La consonancia en allá,
se tergiversa en patraña
porque la raíz de araña
es igual a la de riña
nueve con la a de aliña
y diez con la a de hazaña”.

Lo anterior deja de manifiesto el profundo estudio que sobre la décima en particular, sus elementos constituyentes, y la lírica popular en general, a pesar de que es puesta de manifiesto por gente de condición humilde, con pocos estudios formales, dentro de un ámbito eminentemente rural, no obsta para que hagan acopio de saberes que nada tienen que envidiar a los más encumbrados poetas de la academia, y que éstos no dejan de reconocer la valía de los juglares decimistas, como es el caso del Dr. Efraín Subero, quien reconoce dicha calidad en su obra “El mar en la literatura venezolana” (1974) cuando señala:

“cuando hablamos de literatura nos referimos únicamente a la literatura escrita, a la literatura culta, con un imperdonable olvido de la literatura oral, de la literatura popular que nace con el pueblo mismo y que tiene tanta importancia como la otra”

La vivencia de la cual la décima hace acopio, vive en lo cotidiano, en el hecho diario, en la anécdota a flor de boca, en el chiste o “cacho” como se le suele decir en nuestro contexto insular, y como parte de esa estirpe o herencia, también he procurado sumar al repertorio de la décima mis propias composiciones. Algunas son para tratar de cantar hechos anecdóticos y otras para homenajear o cantar a algún personaje, algún hecho histórico o incluso a solicitud de alguna institución con ocasión del fallecimiento de algún cultor.

De ese modo quiero compartir con ustedes, una vivencia originada de una visita que hicimos a mi suegro, el señor Dámaso “Macho” Oliveros, en su rancho o caney en La Sierra – comunidad anclada en la zona montañosa central de la parte este de la Isla de Margarita – hecho que ocurrió hace algo más de un año y que relata la llegada a su caney para encontrarse conmigo y mi familia, mi cuñado Dámaso “Machito” Oliveros y su primo Jesús “Chuito” Oliveros, cuando los dos se encontraban en franca ebriedad, hecho que recojo en siete décimas:

I

Anoche llegó Machito
tarde desde La Asunción
con una ebria condición
junto al hijo de Chuíto.
Sin saber el pobrecito
en lo que se iba a meter
porque no puedo perder
la ocasión que se presenta
y no tome como afrenta
lo que voy a componer.

II

Resulta que ellos venían
de jugar al dominó
y después que el dúo perdió
fue que a La Sierra subían.
Por el camino decían
la botella que compramos
vamos y nos la tomamos
con mi hermana y mi cuñado
porque ese nunca ha cantado
y en el verso le ganamos.

III

Resulta, pues, y acontece,
que llegaron al lugar;
a La Vega, que sin par,
donde Macho se adormece.
El lugar donde se crece
mi verso y canto risueño,
mi voz que no tiene dueño
se topó a dos alcatraces,
cantan como aves rapaces
que a Macho privan del sueño.

IV

Con aguinaldos llegaron
cantando en el hexasílabo
pasando hacia el octosílabo
y las rimas no "pegaron".
La afinación desmadraron,
la melodía era muy fea
¿sería por aquella pea?
que esos seres al beber,
siempre se suelen meter
¡Mi compai, pa’ que usté vea!

V

Y después aconteció
lo que no es la maravilla
pues, muy sentado en su silla
Chú, el de Carmen, se durmió.
Y así fue como rompió,
la silla y cayó hasta el suelo
-gavilán en pleno vuelo-
reímos, sin disimulo,
porque el coñazo en el culo
no tuvo ningún consuelo.

VI

Qué seres para embusteros:
Chú, el de Carmen, y Machito;
pues, se fueron derechito,
y con sus pies, muy ligeros.
Afirmando, muy certeros,
que vendrían de mañanita,
con alguna gallinita.;
¡Que sean dos! ¡No, que sean tres!
Dijo, Machito, después.
Digo yo: ¡qué mentirita!

VII

Cuando Macho despertó
su cabeza casi explota
cuando vió la silla rota,
Ya que casi se sentó.
A su madre, les mentó,
a aquéllos dos ruiseñores;
que dándosela e’ cantores,
recibieron una pela,
Macho pasó noche en vela
por culpa de esos señores.

En el mes de mayo pasado, estando todos como estamos afectados por la cuarentena que resulta de vivir estos tiempos de pandemia a causa del virus Covid-19, se me llegó a solicitar la escritura de unas décimas de parte de la Dirección de Cultura del Municipio Mariño de ésta entidad federal, a cargo de la Prof. Ynés Rojas González. La primera serie de ellas para homenajear al gran decimista y cultor popular fallecido trágicamente en la década de los años noventa, José Ramón Villarroel, a quien se le conocía en el ámbito galerón y los velorios de cruz como “El huracán del Caribe”. Éste homenaje se recoge en cinco decimas que tienen la particularidad que no sólo responde a un pie forzado, sino que en su estructura, tiene una cabeza forzada también. El pie forzado es “al Huracán del Caribe” y la cabeza de la décima dice “José Ramón Villarroel”. Dicen así:

I

José Ramón Villarroel
fue juglar extraordinario;
su barca era el diccionario,
siendo él su timonel.
Con el pico de oropel
su rima, se circunscribe,
junto al canto que describe
la lírica popular:
también quiero homenajear
al Huracán del Caribe

II

José Ramón Villarroel
fue nuestro Homero insular,
con su verso y su cantar
a la tradición fue fiel.
Como la abeja a la miel
con cuyo néctar se exhibe,
la historia –no se concibe-
sin su décima de fama:
mi verso honra y aclama
al Huracán del Caribe.

III

José Ramón Villarroel
voló cual la golondrina
con su rima peregrina
que anida en cualquier vergel.
Ni la Torre de Babel,
fue obstáculo que prohíbe,
para que su musa arribe
directo hasta el corazón:
vaya esta tributación
al Huracán del Caribe.

IV

José Ramón Villarroel
y su décima espinela
en ella hizo su escuela
como tatuaje en la piel.
Quien quiera entrar por el riel
del faro del que hoy se escribe,
lo que se indica y prescribe
es que tome como ejemplo
-Sancta Sanctorum del templo-
al Huracán del Caribe.

 V                                                       

José Ramón Villarroel
nuestro mejor repentista
su genio salta a la vista
montado en brioso corcel.
Capitán fue del cuartel
que improvisa y manuscribe;
hoy Margarita percibe,
llora, recuerda y admira,
al poeta –pluma y lira-
al Huracán del Caribe.

La otra serie de décimas fueron escritas a modo de endecha, para despedir en su partida al plano espiritual a otro famoso músico popular margariteño Pedro Salazar, mejor conocido como Pedro Cuikha, hecho acaecido el día 28 de mayo de 2020. Las décimas para este homenaje, en su cabeza y su pie tienen una rima forzada y tergiversada, invirtiendo el orden de las palabras que la forman. Dicen así:

I

¡Hoy, Pedro Cuikha, te fuiste!
¡Sólo Dios sabrá hacia dónde!
Y tu presencia se esconde
de donde siempre anduviste.
De luto El Faro, se viste,
y en esto El Morro se aplica,
La Plaza llora y replica:
¿Por dónde andará tu paso?
¡Quizá ande por El Parnaso!
¡Hoy te fuiste, Pedro Cuikha!

II

¡Hoy, Pedro Cuikha, te fuiste!
¿Quién sabe dónde? ¡Por’ai!
¡Gimiendo está el Clan Roskay!
Allí tu cuna tuviste.
La hamaca donde meciste
El juvenil sueño, dedica
El adiós que cuadruplica
Enio, Abraham, Luis Teodoro,
Junto a Bracho cual tesoro:
¡Hoy te fuiste, Pedro Cuikha!

III

¡Hoy, Pedro Cuikha, te fuiste!
Y aquél pupitre te llora
Porque tus manos ahora
Dejan el son que le diste.
San Nicolás se resiste
Y a la Virgen le platica,
Le ruega, clama y suplica
Que te devuelva la vida
Y ésta dice, compungida:
¡Hoy te fuiste, Pedro Cuikha!

IV

¡Hoy, Pedro Cuikha, te fuiste!
¡Dejaste solo tu cuatro!
¡Sólo le queda un retrato
y el amor que le pusiste!
La anécdota en que creciste
toda Porlamar salpica:
por la esquina y la botica,
del paseo al bulevar.
Llora toda Porlamar!
¡Hoy te fuiste, Pedro Cuikha!

Otro tipo de prácticas o praxis que se ha puesto en boga en los últimos veinte años con relación a la décima o que de algún modo la toca, es el relacionado con la liturgia dentro del rito cristiano católico de la eucaristía, por el cual se sustituyen los cantos usuales de la misa por cantos tradicionales y dentro de ellos destacan los cantos que sirven de vehículo o conductor a la décima. Estos en nuestra región insular son: el galerón, la gaita margariteña, la gaita antillana o lla’bajera, el gaitón, el punto del navegante y el punto cruzado.

Soy de la opinión que existe cierta posibilidad de adaptar, tanto a la jota mayor así como también para la jota menor, la décima como forma poética. Pero en este menester se debe ser cuidadoso porque son cantos de ritmo lento y de relativa congoja y no sería conveniente que al cantarlos se empleen más de dos décimas, por lo que habría que desarrollar muy bien la temática que se quiere cantar en esta limitada extensión.

Siguiendo en lo que concierne a la praxis de la décima en el contexto insular margariteño, recoge el profesor Nelson García Marín en su trabajo “La huella del poeta pescador” (1982) donde hace acopio y teoriza sobre la obra del poeta popular Aniceto García Vásquez, una serie de formas que por su denominación es preciso mencionarlas. Señala el autor que la obra poética del humilde pescador devenido en poeta se circunscribe a: trovos, argumentos, lecciones, corridos, composiciones completas, composiciones incompletas, estrofas solas. De las mencionadas, las tres primeras se sirven de la décima como forma de expresión. Para lo cual acudiremos a la definición que de ellas el autor hace para comprender en qué consisten.

En primer término, el profesor García Marín refiere con relación al trovo la siguiente definición: “llamamos trovo o trova, a una combinación estrófica que consta de texto y glosa. El texto puede ser una copla, una cuarteta o una redondilla. La glosa está constituida por cuatro décimas que terminan con cada uno de los versos del texto. Este tipo de forma poética se adapta a la forma tradicional del canto de gaitas en la Isla de Margarita porque permite cantar cada una de las décimas en su forma melódica harto conocida para las gaitas, mientras que la sección del texto se usa para la elaboración de un coro o estribillo que antecede a cada una de las décimas.

Esta usanza en la práctica de la décima, vale decir que no es uniforme, porque algunas gaitas margariteñas, como el caso de las que llegaron a recopilar tanto Modesta Bor  como Rafael Suárez para sus propuestas corales y/o vocales, emplearon coros o estribillos que en nada se relacionaban con las décimas empleadas. En el caso de la gaita recopilada por Modesta Bor, el coro o estribillo que usa es el siguiente: “préstame el pito de tu tambora / para prestárselo a mi señora / de madrugada me voy pa’l yopo / porque la plaga me tiene loco” y este estribillo nada tiene que ver con las décimas que recopiló la compositora para hacer su arreglo coral de una gaita margariteña. Por su parte, Rafael Suárez, en su arreglo de la gaita margariteña acude a un estribillo popular que tampoco guarda relación con las décimas que por su parte recopila; este coro o estribillo dice: “Usté, usté, usté / la mandó a poner / que si la pone la paga / y si no la pone también”.

Con relación a los argumentos señala García Marín definiéndolos como: “conjunto de décimas que terminan en un mismo pie (último verso de la estrofa). Parece que el término argumento es usado sólo en Oriente, concretamente en la Isla de Margarita, ya que por regla general se le conoce con el nombre de décimas aletrilladas”. En este sentido encontramos una denominación que el profesor García Marín considera originaria de Margarita, pero que es de uso generalizado y es muy usual su uso o práctica cuando a los decimistas en cualquier ocasión se les proporciona un pie forzado para culminar sus décimas.

En cuanto a las lecciones indica el profesor García Marín atendiendo a su definición señala que: “se conoce como lección o elección a una serie de décimas encadenadas que se distinguen porque las estrofas comienzan con el último verso de la anterior. Quizás el término lección se asocie al acto de enseñar por repetición, lo que representa para el lector un verdadero recurso mnemotécnico. Debemos aclarar que este tipo de combinación estrófica se presta muy poco a la improvisación…”.

Otra de las usanzas en la praxis común hasta hace muy pocos años, es la que vincula a la décima con la elaboración del Testamento de Judas la cual es una manifestación popular de índole socio-política que tiene lugar el día Domingo de Resurrección, al final de ese día, en el cual se suele elaborar una figura humana con materiales de provecho (o desecho) que representa al “traidor” que siempre se consustancia con alguna figura pública  que por su maldad connotada o por su poca popularidad o aceptación se le somete al juicio de la concurrencia. Es cuando tiene lugar la lectura del testamento, el cual en la Isla de Margarita tiene la particularidad que se redacta dicho instrumento volitivo empleando la décima y por regla general se dispone de los bienes del traidor de forma irónica. La manifestación culmina con la quema, para la cual previamente a la figura del traidor la han preparado con fuegos de artificio y quien dio lectura al testamento, en su carácter de albacea testamentario es quien le da encendido a la mecha que da inicio a la quema.

Para terminar, considero útil lo que siempre he dado en hacer en cualquier oportunidad que puedo, y no es otra si no invitar a todo el que me escucha o que tiene la condescendencia de leerme a expresarse en décimas, a recurrir a la décima como forma de expresión, ya que esta es uno de los hilos que mejor conecta a toda la latinoamericanidad, y es menester seguir empleándola, ya que ella constituye patrimonio común a todos nosotros. Para el convencimiento de cabal de cuanto he dicho, voy a referir una décima que recoge el maestro Alberto Valderrama Patiño en su libro “La décima en mis cantares” (2006), donde como colofón refiere: “Porque nuestra décima es así, nunca ha respetado estrados, ni mucho menos prados, desde donde proliferó con el criollo cruzado de negro, indio y blanco hasta hoy. Se desparramó por todo el continente, no había un pueblito cualquiera que no la conociera, y se desprendió de los tumultos enfermizos de los “sabios” porque ya la décima tiene millones de dueños que nunca han cobrado derechos de autor…, como diría en una de sus décimas el poeta canario Pedro Liscano:

Aunque el poeta inventor
fuera Vicente Espinel
la décima ya no es de él
si no del pueblo cantor.
Si la inventó un ruiseñor
o la transplantó un isleño
o si fue un margariteño
que le dio la picardía
como no es tuya ni mía
nos tiene a todos por dueño.
Así que escriban, pero escriban en décimas!

Referencia Bibliográfica

  • Acosta, Leonardo (2006). Música y Descolonización. Fundación editorial el perro y la rana. Colección Armando Reverón. Impresión Talleres Switt Print.
  • Bellorín, Jesús (2003). Guía didáctica para el conocimiento y aprendizaje del galerón y otros cantos tradicionales. Edición de la Alcaldía del Municipio Arismendi y Sistema Eléctrico de Nueva Esparta, C. A. Editorial Pontevedra, C. A.
  • García Marín, Nelson (1982). La huella del poeta pescador. Edición del Instituto de Previsión Social del Personal Docente y de Investigación de la UDO.
  • Lengwinat, K y Suniaga, R. (2013). Panorama de tradiciones musicales venezolanas: manifestaciones religiosas. Edición de la Universidad  Nacional Experimental de las Artes. Colección de musicología latinoamericana Francisco Curt Lange. Impresión Fundación Imprenta de la Cultura.
  • Noriega Rodríguez, Adalys M. (2005). La función del galerón en la Isla de Margarita: ayer y hoy. Edición de la Delegación de Cultura y Extensión de la UDONE. Verbo Publicaciones e Impresos, C. A.
  • Rodríguez Gamero, Luis (2014). Comercio vs Felicidad: análisis histórico del comercio en el Estado Nueva Esparta, (1950 – 2000). Edición de la Gobernación del Estado Bolivariano de Nueva Esparta. Imprenta Oficial del Estado Bolivariano de Nueva Esparta.
  • Subero, Efraín (1977). La décima popular en Venezuela. Cooedición UCAB – Centro de Investigaciones Literarias / Fondo Cooperativo para el Desarrollo del Estado Nueva Esparta. Editorial Arte.
  • Valderrama Patiño, Alberto (2006). La décima en mis cantares. Ministerio de la Cultura. Fundación de Etnomusicología y Folklore. Gráficas Lauki, C. A.
  • Villarroel, José Elías (2001). Cuadernos de Difusión N°1: Orientación Poética. Coedición Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta-Instituto Autónomo de Cultura y Patrimonio-Rectorado de la UDO. Imprenta Oficial del Estado Nueva Esparta.
  • Villarroel, José Ramón (2003). Décimas. Edición del Instituto Autónomo de Cultura y Patrimonio. Impresiones Verbo Producciones, C. A.

Por: Eugenio Franco

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