A un año del silencio en Jet Set: El eco eterno de Rubby Pérez entre dos patrias

A un año del silencio en Jet Set: El eco eterno de Rubby Pérez entre dos patrias

El calendario marca hoy miércoles 8 de abril de 2026. Ha pasado exactamente un año desde que las luces de la mítica discoteca Jet Set se apagaran bajo el estruendo del concreto y el metal. Lo que debió ser una noche de júbilo y merengue se transformó en la mayor tragedia civil de la República Dominicana en décadas, dejando un saldo desgarrador de más de 200 víctimas fatales. Entre ellas, la voz que personificó el sentimiento de una era: Rubby Pérez.

Hoy, el altar levantado a las afueras de lo que fue el recinto no solo se viste de flores blancas; también se tiñe de un simbolismo binacional que explica la magnitud de la pérdida.

El «Señor del Merengue» y su idilio con Venezuela

La muerte de Rubby Pérez no solo enlutó a Quisqueya. En Venezuela lloró como si hubiera perdido a un hijo nativo. La conexión del artista con el público venezolano fue, durante décadas, un fenómeno que trascendió lo comercial para instalarse en lo afectivo.

  • Himnos de una generación: Temas como «Volveré», «Y no voy a llorar» y «Enamorado de ella» dejaron de ser simples éxitos radiales para convertirse en el tejido sonoro de las bodas, bautizos y fiestas patronales desde el Zulia hasta el Amazonas.
  • Reconocimiento: Su carrera fue validada en tierras venezolanas con múltiples discos de oro y platino, consolidando su estatus como un embajador cultural del Caribe.

El gesto más conmovedor de esta unión se vio en su funeral. Por deseo expreso y en honor a ese «puente musical», su ataúd lució de forma solemne las banderas de la República Dominicana y Venezuela, unidas sobre el féretro como símbolo de una gratitud eterna.

La gira que el destino canceló

Para junio de 2025, Rubby tenía trazada una ruta de reencuentro. Su «Tour Volveré» prometía llenar escenarios en Caracas, Valencia y Maracay. La expectativa era máxima; miles de fanáticos esperaban volver a sentir la vibración de una voz que, a pesar del paso de los años, conservaba una potencia lírica envidiable.

El colapso del techo de la discoteca Jet Set, ocurrido mientras el artista entregaba su energía al público en aquella fatídica noche de 2025, no solo silenció su orquesta, sino que truncó el anhelo de un país que lo esperaba con los brazos abiertos.

A un año de la tragedia, la justicia dominicana sigue procesando los peritajes del colapso, pero la memoria popular ya ha dictado su sentencia: el olvido no es una opción. En las radios de Santo Domingo y Caracas, la voz de Rubby Pérez sigue retumbando, recordando que, aunque la estructura de una discoteca pueda caer, los puentes construidos con música son indestructibles.

Hoy, mientras las familias de los 200 fallecidos rinden tributo en la capital dominicana, en algún rincón de Venezuela alguien subirá el volumen para escuchar «Volveré», cumpliendo, de alguna manera, la promesa del artista de no marcharse nunca del todo.

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