Del Aula Estática a la Red Neuronal: La Evolución de las Inteligencias Múltiples en Otilca

Hacia la honestidad educativa

Reflexiones sobre la cultura y el desarrollo del ser en la civilización del espectáculo.

Por Samuel González Castrillo | Especial para Grupo Otilca

En la complejidad del siglo XXI, avanzar hacia la honestidad educativa representa una encrucijada ética sobre el propósito del arte y la formación. A menudo, asistimos a eventos movidos por una necesidad social de pertenencia; participamos para «estar», pero no siempre para «ser». Esta dinámica nos sitúa en lo que Mario Vargas Llosa describe como la «Civilización del Espectáculo», donde la profundidad del espíritu se ve amenazada por la inmediatez de la imagen.

El reto de la gestión cultural y lo permanente

Es comprensible que las instituciones busquen visibilizar sus logros a través de encuentros de gran alcance. Sin embargo, el reto fundamental de cualquier gestión comprometida con el patrimonio no reside únicamente en la magnitud de un evento, sino en la continuidad del proceso formativo.

«La verdadera función de la cultura es hacernos, precisamente, más humanos.»

Educar y cultivar la sensibilidad no son actos de una noche; son procesos que requieren paciencia. Cuando se logra equilibrar el brillo de lo efímero con la atención constante al desarrollo humano, la cultura cumple su función más noble. El camino exige que los entes vean más allá del espectáculo y se enfoquen en la atención del ser.

La fragmentación del ser en la era digital

Esta necesidad de coherencia se vuelve urgente al observar a las nuevas generaciones. Howard Gardner (2014) ha advertido sobre la capacidad de los jóvenes para desarrollar múltiples personalidades simultáneas. El autor de las Inteligencias Múltiples detecta una tendencia preocupante: una humanidad que podría alejarse del desarrollo integral del ser para convertirse en una ejecución técnica eficiente.

Un Compromiso con la Esencia

Desde el Grupo Otilca, al arribar a nuestro 17º aniversario, reafirmamos que el arte es una herramienta de reconstrucción humana. Invitamos a todos los sectores a apostar por procesos que cultiven el espíritu. Solo a través de una genuina gestión centrada en la integridad pasaremos de ser una sociedad de espectadores a ser una comunidad de seres humanos plenos.

Compartir