HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: ALBERTO “BETO” VALDERRAMA PATIÑO

Huellas y presencias insulares

Nací el 30 de julio de 1949. Prácticamente mi nacimiento fue bastante accidentado, si se quiere, porque mi mamá murió en el parto, una hora después de yo haber nacido, por las circunstancias de aquella época. Yo nací en casa de mis abuelos, atendida mi mamá por una partera, y esas circunstancias, pues, de que todavía no había en Margarita, hospitales, porque la ciencia no estaba tan avanzada como hoy. Eso ocasionó, por supuesto, la muerte de mi mamá. Mi papá estaba en los campos petroleros, en el Zulia, en esa época, buscando trabajo como normalmente hacía todo margariteño. Entonces, me crié con mis abuelos maternos.

Precisamente, de ahí viene la inclinación hacia la música, porque mi abuelo materno era músico popular. El tocaba bandola, mandolina, cuatro. Mis tíos, Chón Patino y Pedro Patino, también tocaban cuatro. Mi abuelo se llamaba Basilio Patino, y mi abuela materna, Isabel Domínguez de Patino. Mi mamá se llamaba Juana Pastora Patino Domínguez, y mi papá, Alberto Justiniano Valderrama Marcano.

En ese hogar de mis abuelos fue donde yo aprendí a conocer los primeros sonidos musicales y, por supuesto, la música que oía era la música tradicional del pueblo margariteño, la música que mis abuelos al mismo tiempo habían aprendido de mis bisabuelos y sus antepasados. Es una familia que viene con ese linaje musical desde años atrás. Mi infancia transcurrió como la de cualquier niño del pueblo. Yo estudié en El Cercado, mis primeros dos años de primaria. Mi primera maestra se llamaba María Eugenia González de Ordaz, «Mariageni». Estudié primero y segundo grado en El Cercado, que eran los únicos grados que tenía la escuelita esa para esa época, en los años cincuenta y tantos por ahí. Terminé mi primaria en El Maco. Allí en El Maco vivían mis abuelos paternos, mis tíos paternos y una cantidad de familiares. Entonces, mi infancia transcurrió entre El Cercado y El Maco.

Por cierto, que cuando hablan de «Beto» Valderrama, el músico famoso y tal, dicen: «No, ese tipo es de El Maco» y los de acá dicen: «No, es de El Cercado». Pero, en realidad, yo no me siento apegado tanto a uno como a otro, porque los dos fueron parte de lo que yo soy. Todas esas vivencias de la forma de vida del margariteño, todo lo que había a su alrededor: en El Maco, el trabajador de zapato con su banca; en El Cercado, la artesana haciendo sus cazuelas, su tinajón, son cosas que uno no puede echarlas a un lado así tan fácilmente. Es parte de uno mismo.

En realidad, ese entusiasmo por la música nació allí, en el hogar de mi abuelo. Desde muy pequeñito, yo diría que de unos nueve u ocho años, yo andaba con un cuatrico por ahí, a veces un poco difícil, porque, prácticamente, era el único cuatro que había en la casa, porque no era muy fácil adquirir un cuatro para esa época. Tener un cuatro no era fácil, y el cuatro que había era de los adultos, no para los niños.

Participaba yo, porque mi tío me daba el cuatro, así por ratos. Pero no era muy fácil adquirir un cuatro. Yo tuve un cuatro siendo ya un muchacho de 12 ó 13 años. Era un cuatro todo destartalado, con clavijas de madera y trastes de madera, cuerdas remendadas y empatadas. Así comencé la actividad musical, sin ningún tipo de orientación. No había escuelas. La pedagogía musical no existía, o existía en muy pocas partes. Por ejemplo, en La Asunción, en Porlamar, habían algunos maestros… pero en música de cuerdas no. No es como ahora que hay tantas cosas que se han incorporado al aprendizaje musical del cuatro, por ejemplo, o de la mandolina, o la guitarra. Entonces uno, sin escuela aprende una serie de cosas que después le hacen falta, por ejemplo, cómo desarrolla uno la parte de la improvisación y la destreza desde el punto de vista de uno buscar el recurso uno mismo, sin que exista el maestro.

Yo comencé a tocar mi cuatrico en los actos de la escuela. Después comencé a estudiar en la Escuela Técnica Industrial de Juangriego mi educación secundaria, y estudiando allí hice mi debut en radio, en el año 63. Estudiaba primer año en la Escuela Técnica de Juangriego. Hice mi debut en un programa que tenía Radio Nueva Esparta, que se llamaba Atalaya Liceísta, que por cierto, hoy tenemos diez emisoras por lo menos, y no hay un sólo programa a disposición, por ejemplo, de la zona educativa, o a disposición de cualquier institución cultural, de la Dirección de Cultura de nuestro Estado.

(Tomado de EL CANTO POPULAR MARGARITEÑO, CONAC-GENE, 1997)