HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: AQUELLOS TIEMPOS DEL BEISBOL MARGARITEÑO (II)

El Club de béisbol “Arismendi” jugaba en la parte sur de la salina de Juangriego, extendida al Este de la ciudad. Entre las Líneas Blancas del Diamante, como llamaban al infielder, protegido del acceso del público, por una cuerda tendida sobre estacas, a regular distancia de las líneas de Primera y Tercera Base. Sus colores eran el azul (color oficial para los eventos que se efectuaban con otros clubes) y el rojo.

Era un terreno que se enlodaba mucho en épocas de lluvia, lo que forzosamente paralizaba las actividades deportivas; sin embargo, con las mejores voluntades y esfuerzos, este Club “Arismendi” se preparó suficientemente, tanto, que un día sus organizadores aceptaron invitación para llevarlo a jugar a Porlamar, con el Club del mismo nombre, por lo que a las cuatro de la tarde de un día sábado salieron, en burros, llegando a Porlamar dos horas después, seis de la tarde. Vale decir que no era fácil contar con un automóvil y los caminos, sólo mostraban uno que otro trecho.

En Porlamar se les dispensó, a los integrantes del Club juangrieguero, un magnifico recibimiento, agasajándolos con un banquete en la misma casa donde cómodamente se les alojara, situada en la Calle Gómez. En dicho acto discurrieron los representantes de los citados clubes, señores, Rafael Morao, Próspero Navarro y Nicolás Bor. Y como cosa original, en cada plato había una tarjeta con el nombre del Club anfitrión.

El encuentro esperado se realizó el día domingo: la mañana fue para las prácticas respectivas y familiarización con el terreno ubicado frente al viejo cementerio de la ciudad marinera. Es de hacer notar el apoyo de las autoridades de entonces: el ciudadano Gobernador de la Sección, General Clodomiro Sánchez y su comitiva, además de un inmenso público, todo con mucho orden.

Este juego resultó realmente interesante; los clubes comenzaban a exhibir sus facultades, en un deporte recién conocido. Existía camaradería, compresión y el sano propósito de entendimiento entre dos pueblos hermanos, que en días no muy distantes habían guerreado bajo el odio de los caudillos y fomentadores de contiendas civiles. Caída la tarde, el triunfo se inclinó definitivamente hacia el Club de Porlamar con score de 12 carreras a 8.

Los Muchachos del Club “Arismendi” se les llamó “Los Galipavos”, por su alta estatura en la mayor parte de ellos y jugaron mejor de lo que se esperaba. Este encuentro fue el primero celebrado entre dos clubes de distintas ciudades, en Margarita. Importante es indicar que no se conocieron más clubes formados, sino hasta el año 1916, con la fundación del Club “Nueva Esparta”, también de Juangriego. Team, que a causa del pantanoso estado en que se hallaba entonces la Salina, hubo la necesidad de acondicionar un terreno, propiedad de la señora Anita Narváez de Rodríguez, situado en un retazo de sabana, un tanto alto, al este de la ciudad.

Allí, Armando Bor, Presidente y Primera Base del Club, hizo construir una pequeña tribuna de madera, desde la cual pronunció el discurso inaugural, el joven estudiante de Derecho, Br. Eduardo Navarro Vásquez. Este Club “Nueva Esparta” jugaba con dos novenas formadas por sus mismos integrantes. Sus colores fueron también, Rojo y Azul; su uniforme consistía en pantalón blanco abombachado, medias negras, camisa azul o roja y un sombrero de tela, blanco y de alas muy cortas; los guantes eran de lona con rellenos de estopa; los bates de mangos de remos arreglados; y las pelotas, construidas por los mismos peloteros. Jugaban dos veces en la semana y no tuvo ningún encuentro con ningún otro Club. De sus jugadores se recuerdan los siguientes: Raimundo Mata (A) “Chaco Rucio”, Pitcher; el poeta Francisco Lárez Granado, Catcher; Armando Bor, Primera Base; Pedro Marcano, Segunda Base; Manuel Salinas, Tercera Base; Luis Marcano, Short Stop; Francisco Salazar Sabino, Francisco Hernández García, el Negro Margui, Hermanos González Arocha, Francisco Antonio Mata D., Frailan Dumoulín, Luis Narváez, Jesús Ramón Frontado, Hermanos Pérez Calderón y Primitivo Franceschi, hijo.

(Tomado de Cruz Lugo Villarroel en INSULARIDADES Nº 6, abril 2005).

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