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A propósito de las recientes presentaciones de la actividad Margarita Cantada y Contada, que llevamos a cabo junto a Verni Salazar y Luis Argenis Zabala, me he permitido presentar,  desde un análisis que posteriormente publicaré, una hipótesis en la que planteo que el único género tradicional de la música neoespartana de hoy en día, que pudo haber estado presente en la ciudad de Nueva Cádiz de Cubagua es el de La Jota, un hecho que habría que tomar en cuenta a la hora de celebrar al San Juan Bautista “margariteño”, ya que la población del mismo nombre fue fundada por aquellos europeos que poblaron Cubagua y que unos pocos años más tarde se asentaron en ese fértil valle.

Sin embargo nuestro San Juan, el de estas islas, no hace parte de la tan marcada tradición musical del cuero y la madera, en la que “El Santo” además es bailado, como producto de la imbricación de los elementos culturales subsaharianos en los rituales católicos, peninsulares, llegados a estas tierras a través de la conquista; en nuestro caso, y por razones aún no demostradas desde la ciencias vinculadas a la antropología, nuestras manifestaciones musicales adolecen de una inusual escasez de elementos de la cultura africana , un hecho muy “sui géneris” tratándose de una isla caribeña, lo cual nos convierte en un espacio de excepcionales características que bien podrían ser aprovechadas desde el punto de vista de la actividad turística.

Respecto a lo anterior, y amparados en la premisa de la diversidad cultural expresada en nuestra constitución así como en el compromiso de que el estado debe garantizarla y preservarla como parte fundamental de nuestra identidad, considero muy importante hacernos de planes específicos que pudiesen evitar la tendencia contemporánea de intentar unificar la tradición de celebrar a San Juan Bautista alrededor de los elementos afro venezolanos, evitando que se llegase, en aras de una visión sesgada de la venezolanidad, a alterar los rasgos que, durante casi 500 años, en nuestra isla, la han caracterizado.

Por exagerado que parezca, la suplantación de tradiciones tan arraigadas tendría que ser considerada como  un gravísimo daño al patrimonio cultural de la nación, ya que se trata de manifestaciones que provienen del momento mismo en que se inició el proceso colonial de nuestras costas, hecho ocurrido en fecha muy anterior al de la gran mayoría de las poblaciones del continente americano.

Parafraseando al Cronista del estado Nueva Esparta, Dr. Verni Salazar, reiteramos que: “Nuestro San Juan no es Guaricongo”, y si alguna música es representativa de su celebración son los géneros tradicionales margariteños, en especial la jota, por las razones citadas al inicio de este texto.

Roki José Viscuña Gutiérrez
Patrimonio Cultural Viviente de Nueva Esparta
 

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