La Voz del Pastor: Orar con fe

El amor de esta madre le dió el coraje y la valentía para buscar la sanidad para su hija, su hija estaba endemoniada. Ella había oído de Jesús y tenía el conocimiento de que Jesús el Señor era Hijo de David, ya que esas son las palabras que expresa cuando se acerca a Él:“Ten Misericordia de mí Señor, Hijo de David; mi hija está gravemente atormentada de un demonio”

“El no le contestó una palabra”. El tenía sus razones. Pero ella siguió implorándole, aun cuando los discípulos procuraron despacharla. Por fin Jesús habló a la madre, abriendo la puerta para hacer un milagro.

El dijo: “No es lícito tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos”. ¿Fue un reproche? ¡NO! Más bien fue el requisito previo al milagro. Sencillamente Jesús le dijo que ella no merecía lo que pedía. ¡Y ella estaba de acuerdo! “Es cierto Señor, pero los perrillos comen migajas que caen de las mesas de sus dueños”.

Su respuesta tocó de tal manera el corazón de Jesús que Él contestó y le dijo: “Mujer grande es tu fe; sea hecho lo que quieres.” Y la Biblia declara: “Su hija fue sana desde aquella hora”.

Escuche aquí la reflexión de Monseñor Fernando Castro, Arzobispo de la Diócesis de Margarita: