Las “Doce Margaritas” de Nella Rojas

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Sigue siendo la Nella de Voy, su álbum debut. El corazón de la artista ganadora del Latin Grammy a nuevos talentos sigue latiendo desde algún indeterminado del mapa entre el sur de España y El Caribe, desde alguna costa caliente, exuberante y mestiza. Pero Doce margaritas (2021), una producción menos orgánica y más artificiosa, también pone, junto a las nostalgias, los amores y los tragos amargos, una pista de baile.  

Basta con escuchar los dos singles que llegaron a las plataformas digitales como abrebocas del LP, para captar la invitación al movimiento. Solita insinúa un beat de eso que actualmente lleva la etiqueta de urbano, pero lo hace a través de unas palmas y un groove electrónico pensado desde lo flamenco, combinado con pinceladas de tradición cubana. En fin, reguetonea como quien no quiere la cosa. Y lo hace realzando una melodía y una letra con un mensaje de autosuficiencia emocional: Yo vivo feliz cantando solita.

Ahí trae consigo un planteamiento similar, pero destacando las armonías vocales, todas a cargo de la propia cantante formada en la Berklee School of Music de Boston. Y lo mismo pasa con Dímelo bajito, donde el beat sintético convive con una guitarra española muy limpia.

Volaré, balada grabada junto al laureado puertorriqueño Pedro Capó, nieto de Bobby Capó, deviene en reguetón romántico. En el coro cantan los dos en torno a la misma melodía, ella arriba y él abajo, pero a veces Capó empieza a trazar otra línea distinta como quien bucea mirando la superficie. Es un dueto cuidadosamente elaborado.

En esos instantes urbanos luce lejana y borrosa aquella Marianella Rojas de la que tuvimos noticia por una versión a capella, a pura palma y voz, del merengue caraqueño con música de Pablo Camacaro y letra de Henry Martínez, con la que atrajo la atención del productor Javier Limón.  

En Son de los sueños, una rareza de beat entrecortado con voz aflamencada, le surge una pizquita de venezolanidad, una caída como de tonada llanera: Y los sueños, sueños son. Y a pesar de que no lo reflejan los créditos del Spotify (hasta el día siguiente al lanzamiento), Nella grabó junto a C4 Trío la octava pista, Contra la marea. Los cuatros no tocan con la libertad habitual ni charrasquean con fuerza, pero se percibe esa facultad del trío Glem-Molina-Ramírez de hacer del cuatro venezolano mucho más, de hacer con él percusión, matices y un barrido que es como un efecto de lluvia; y también, es notorio el feeling inconfundible del bajista Rodner Padilla, quien también colaboró con la producción. No olvidemos que Padilla, quien por estas fechas trabaja en un álbum de Luis Enrique en ese rol, ya se llevó el Latin Grammy a Mejor Productor del Año. 

Doce margaritas es la primera entrega de Nella bajo el paraguas Sony Music Latin. La producción no sólo estuvo a cargo de Javier Limón, quien, tal como ocurrió en Voy (con una sola excepción), compuso todo el álbum, demostrando así, no sólo lo prolífico que es como creador, sino su capacidad de escribir habitando la piel ajena. Con Limón, español que ha trabajado con figuras como Concha Buika, Bebo Valdés, Caetano Veloso, Anoushka Shaknar, Diego El Cigala y Andrés Calamaro, colaboraron en la producción Julio Reyes Copello, George Noriega y el venezolano Rafa Rodríguez.

Nella entiende que cantar perfecto no es cantar bien. Nella susurra, se desmorona con la canción hasta el punto de permitir que el hilo de voz se interrumpa y se deshaga. Es curioso que Doce margaritas haya sido una obra concebida durante el encierro por la pandemia. Es curioso porque en ella se contraponen dos invitaciones: Una al baile, al club… y otra a la intimidad. Es un álbum cantado al oído, pero con ganas de moverse. No es una obra para la soledad, pero tampoco para la multitud. Es una banda sonora petit comité.

La más evasiva, la que pareciera más afectada por las circunstancias y el mundo exterior, pareciera Ya no queda na’, una suerte de rumba en la que, de nuevo, se encuentran elementos orgánicos crudos con sonidos muy procesados: Te repito, sólo quiero bailar. Allí, además, Nella se reencuentra con la niña margariteña que antes de ser cantante, quiso ser bailarina.

A todo eso se suman los episodios calmados de romance y añoranza. Por ejemplo, Otro beso, donde no hay beats ni artificios, sino guitarras, percusión y trompetas; el bolero De vez en cuando, una pieza a la que no le va bien una margarita sino un ron añejo, que Nella grabó con el pianista cubano Iván “Melón” Lewis, que suele acompañar a Buika; y la que cierra el álbum, titulada A mí me gustaría perdonar, un manifiesto en el que la intérprete deja correr más su voz cristalina.

En griego, margarita significa ‘perla’. Dicen que, por su abundancia de perlas en sus costas, la isla venezolana en la que nació esta prometedora artista ahora establecida en Nueva York, lleva el nombre de Margarita. Nella se inspiró en esa hipótesis para darle título a su álbum. Por eso en la portada se adorna con margaritas, pero también luce un collar de perlas que representan esas joyas que Limón escribió para su susurrante y seductora voz.

Lo nuevo de la margariteña Nella Rojas lo puedes escuchar durante la programación de OtilcaRadio,

Redacción: Gerardo Guarache Ocque / Guataca

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