Leyendas Venezolanas: La colmillona

Bajo el sol incandescente de la Isla de Margarita, donde el salitre todo lo impregna, existe un nombre que hace callar hasta al niño más travieso: La Colmillona. No importa si la casa es de paja o de lujos; en cada rincón del estado Nueva Esparta, su sombra parece acechar tras los matorrales.

El Pacto Maldito

La historia se remonta a tiempos tan antiguos que el calendario ha perdido su rastro. Se dice que una mujer, movida por una ambición ciega, citó al Maligno en la soledad de la medianoche. Allí, entre el susurro de las palmeras y el olor a azufre, vendió su alma por bolsas repletas de monedas de oro.

El dinero fluía como el agua, y ella lo derrochaba en vanidades y «fanfurrias», sin dedicar jamás una sola moneda a la caridad. Pero el diablo siempre cobra sus facturas. Cada vez que el espíritu oscuro se presentaba para reclamar su deuda y arrastrarla al infierno, ella encontraba una forma macabra de ganar tiempo: le entregaba un niño robado.

Mientras el «Uñón» se entretenía succionando la sangre de los inocentes, ella disfrutaba de unos años más de vida. Así, uno a uno, los niños de los pueblos vecinos desaparecían sin dejar rastro, víctimas de un trueque silencioso y cruel.

El Juicio y la Condena

El tiempo no perdona a nadie, y la mujer terminó envejeciendo. En su lecho de muerte, asfixiada por la culpa o quizás por el terror de lo que le esperaba, confesó públicamente cada uno de sus crímenes.

Cuando finalmente expiró, el Purgatorio cerró sus puertas de golpe; no había lugar allí para un alma tan manchada. El Diablo, que ya le había tomado el gusto a la sangre inocente gracias a los «regalos» de la mujer, la reclamó para sí. Pero no la dejó descansar: la condenó a vagar eternamente por el mundo de los vivos, obligándola a cazar niños para saciar su apetito infernal.

La Estampa del Terror

Quienes dicen haberla visto entre las sombras de la noche margariteña, la describen como una visión de pesadilla:

  • Su aspecto: Es una figura esquelética y encorvada, con una nariz ganchuda que parece buscar el rastro de su próxima presa.
  • Su vestimenta: Viste una saya negra inmensa y un «romantón» (manto) del mismo color que le oculta el rostro y le envuelve el cuerpo como un sudario.
  • Su rasgo más temido: Aunque está casi desdentada, de su boca sobresalen cuatro colmillos enormes que se cruzan por fuera de sus labios. Sus uñas, largas y afiladas como garras, son el vivo reflejo de su amo.

Hoy en día, la leyenda sobrevive en la voz de las madres. Cuando un pequeño se resiste a obedecer o hace de las suyas, basta una frase para que el orden regrese al hogar:

«Pórtate bien, que voy a llamar a La Colmillona para que te lleve».

Así, entre el mito y la realidad, la vieja de los colmillos sigue recorriendo los caminos de Margarita, recordándoles a todos que la ambición tiene un precio y que hay sombras que nunca terminan de irse.

Fuente: Libro Mitos y creencias margariteñas de José Joaquín Salazar Franco «Cheguaco«

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