Otilca y su propuesta educativa

«Cuando le enseñas a un niño algo, le quitas para siempre su oportunidad de descubrirlo por sí mismo»
Jean Piaget

He venido leyendo con sumo interés, los editoriales que Otilca le viene ofreciendo día a día a los docentes. En mi opinión, estos editoriales son una nutritiva «bebida», que los docentes pueden y deben beber. Hoy más que nunca, es vital afrontar el trabajo en el aula con todas las herramientas conceptuales y teóricas posibles. La educación no es un proceso que se reduce a darle al niño información. Es promover el desarrollo de habilidades para pensar sobre muchas de las cosas que les interesa y que suponemos, son fundamentales para guiar su desarrollo intelectual.

Son muy didácticas varias expresiones que utilizó el amigo Samuel González en el editorial de este jueves. Una, que debería ser tomada como un punto esencial del trabajo en el aula y toda la escuela, es la necesidad (léase obligación) de ponerle freno a este mundo que va «tras lo inmediato» y ese inmediatez la absorbe y transmite la escuela. Agrégale a este hecho, la existencia de una escuela que aún sigue pensando que el niño es una caja para meter cosas. Ya hace mucho, Carl Rogers no advirtió sobre esta manera de asumir la relaciones en el aula.

Una segunda expresión que usó Samuel y que convoca a pensar en la esencia del acto de enseñar, pasa por el esfuerzo de crear las condiciones para que los niños, como lo sugirió Edgar Morin, tengan sus cabezas bien puestas . Está posibilidad pasa por entender que está opción obliga a ver la formación como «un proceso de orfebrería». El maestro debe verse como un orfebre y deberá en consecuencia saber, cuándo y cómo usar el repujado, la filigrana y el cincelado para crear una joya, cuya belleza va a depender de lo que el niño trae, la habilidad del maestro y el concurso de la familia. Es una joya que se produce a seis manos.

En este acto de orfebrería no hay ideas viejas ni nuevas. Hay ideas y habilidades que deben considerarse en función del metal que se tiene.

Aunque temporalmente estemos muy lejos de aquel Emilio de Rousseau, vale la pena pensar que ese niño que por naturaleza es bueno y la sociedad no lo es tanto. Se requiere darle las herramientas a través de toda su escolaridad para que tenga la posibilidad de moverse mejor en una selva llena de fieras y de estímulos que llevan caminos muy difíciles.

Texto: Evaristo Marcano Marín

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