A la sombra del cerro Guayamurí, allí donde el verde de la montaña se funde con el salitre de Antolín del Campo, nació un 23 de enero de 1943 un hombre destinado a convertirse en el guardián de la memoria colectiva de Nueva Esparta: Pedro Bellorín Caraballo.
Conocido por generaciones como “El Cronista de la Radio”, Bellorín Caraballo celebra hoy no solo un año más de vida, sino más de cuatro décadas de una trayectoria ininterrumpida dedicada a la defensa del acervo cultural neoespartano.
De El Salado a la Academia
Hijo de Miguel Bellorín, un agricultor que conoció el rigor del trabajo petrolero, y de Julia Caraballo, Pedro es el tercero de ocho hermanos. Su formación fue una mezcla de disciplina pedagógica y sensibilidad artística. Egresó como maestro de la Escuela Normalista “Miguel Suniaga” en 1963, pero su sed de saber lo llevó a explorar las artes plásticas en la escuela “Pedro Ángel González” y, posteriormente, el dibujo publicitario en la prestigiosa Escuela Cristóbal Rojas de Caracas.
Sin embargo, su verdadera vocación encontraría un hogar frente al micrófono. En 1973, las ondas hertzianas de la isla recibieron por primera vez a un locutor que, más allá de informar, se dedicó a pregonar las vivencias de su pueblo con un estilo único: entre «cachos», anécdotas y su inseparable sombrero de cogollo.
El hombre de las mil facetas
Pedro Bellorín Caraballo no ha sido solo un espectador de la historia, sino un protagonista activo en la construcción del tejido social de Nueva Esparta. Su currículo es un testimonio de servicio público, habiendo desempeñado cargos que van desde la presidencia de la Junta de Vecinos de su amado El Salado, hasta ser el Cronista Oficial del Municipio Antolín del Campo.
Su liderazgo lo llevó a presidir el Círculo de Locutores del Estado y a dirigir instituciones clave como CORPLADENE y FEDECENE. En cada rol, su norte fue el mismo: la difusión del folklore y el respeto por la identidad insular.
Un legado reconocido: Patrimonio Cultural Viviente
La hoja de servicios de Bellorín está adornada con las distinciones más altas que la región puede otorgar. Es poseedor de la Orden Simón Rodríguez, la Orden Rafael «Fucho» Suárez y la Orden Plácido Maneiro, entre muchas otras. Ha sido nombrado «Hijo Ilustre» de su natal Antolín y «Hijo Adoptivo» de ciudades como Porlamar y Tacarigua.
Sin embargo, el reconocimiento que mejor define su impacto fue el otorgado en el año 2011, cuando fue declarado oficialmente Patrimonio Cultural Viviente del Estado Nueva Esparta. Este título no es solo un papel; es el agradecimiento de un pueblo que se ve reflejado en su voz.
El centinela del folklore
Hoy, el catedrático, investigador y locutor sigue siendo ese faro de luz para la historia regional. Su labor como animador de innumerables festivales de música tradicional ha permitido que la gaita, el polo y la malagueña sigan resonando con fuerza en los hogares margariteños.
Pedro Bellorín Caraballo es, en esencia, el puente entre la Margarita de ayer y la de hoy. Un hombre que, al igual que el Guayamurí que lo vio nacer, permanece firme, protegiendo con su palabra el tesoro más grande de las islas: su gente y sus tradiciones.
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