Rufino Blanco Fombona, pasión y prolijidad de las letras

Con una existencia cuyas peripecias bien pudieran pintarse con muchos de los colores de la fábula que envuelve a figuras como José Balsamo (Cagliostro), Benvenuto Cellini y otros personajes que parecieran escapados de los libros de aventura, entre capítulos de romanticismo, arbitrariedad y oposición al poder establecido, el escritor y polemista venezolano Rufino Blanco Fombona -quien falleció en Buenos Aires el 16 de octubre de 1944- recorrió con sus acciones y su pluma el último periodo de la Venezuela agraria y del caudillismo, en su tránsito hacia la hegemonía del petróleo y las grandes ciudades.

A sus 18 años intervino en la Revolución Legalista contra el gobierno de Raimundo Andueza Palacios. En 1896 se inició en la carrera diplomática. Tres años después publica en Caracas Trovadores y trovas, libro que a la manera del Azul de Rubén Darío contiene poemas y textos en prosas. Su prologuista será el vate nicaragüense. Iniciando el siglo XX y ejerciendo como Gobernador de Amazonas es hecho preso, por oponerse al monopolio del caucho en la región. En su vida sobrevivió a varios duelos.

Idea central de Blanco Fombona es el panhispanismo, tesis que propugna la integración de las antiguas colonias de Hispanoamérica con España. Y ello en gran parte respondía a su postura antiimperialista frente a Estados Unidos. De este modo en su libro Letras y letrados de Hispanoamérica se confiesa hispanista: “…no quisiera que me llamasen nunca escritor de Venezuela, sino escritor de América. Yo no escribo para los cuatro gatos de mi país. Escribo para sesenta millones de américo-latinos y veinticuatro millones de españoles. Mi patriotismo es un sentimiento de raza”.

En buena medida don Rufino vivió como personaje de una obra literaria a quien ese demiurgo que es el autor, le coloca una adarga al brazo y lo monta sobre un caballo para dar batallas solitarias, así, Blanco Fombona recorría la literatura, emulando los rasgos de quien naciendo en una época en la cual su patria no transitaba por una Guerra de Independencia, ni el país que le acoge ofrece fortines donde víctimas aguardan el rescate de un condottiero, retaba su circunstancia. Con verbo vívido que recoge capítulos de pasión cotidiana, el autor apostrofa en Judas Capitolino a Juan Vicente Gómez, como juez que sienta delante de sí al acusado para cobrar con epítetos, improperios y decapitación verbal, la imposibilidad de hacerle batirse a duelo presencial. “Fue escritor de gran ritmo…incluso excesivo, frenético. Su fuerza se concretó a menudo en frases lapidarias: ‘una figura, más que una obra; un gesto más que una palabra”.

Don Rufino vivió muchos años en España, trabando amistad con intelectuales del bando republicano y donde el Gobierno le nombró Gobernador. A la caída de Miguel Primo de Rivera, el venezolano fue nombrado gobernador de la provincia de Almería y luego de Navarra. Congregados en el Ateneo de Madrid, en 1926 hombres de academia y pluma tenidos entre los primeros prestigios de la Península -como el psiquiatra, catedrático y escritor Gregorio Marañón, el ensayista Américo Castro, el filólogo y medievalista Ramón Menéndez Pidal, Ramón Pérez de Ayala y Manuel Machado-, postularon su nombre al Premio Nobel de Literatura.

Blanco Fombona, quien por décadas dirigió en España la Editorial América legó una abundante obra literaria abierta a diversos campos entre los que resaltan títulos como Diario de mi vida (memorias), El hombre de hierro (novela), Bolívar y la guerra a muerte y Mocedades de Bolívar (ensayos), Dramas mínimos (relatos) y Pequeña ópera lírica (poemas), La lámpara de Aladino (colección de artículos) y textos de polémica como De cuerpo entero y Judas Capitolino.

Fuente: Correo del Orinoco