Venezolana lleva ayuda a zonas pobres de India impactadas por la pandemia

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Nadie está hablando de la comida… ¡mi gente se muere de hambre!”, fueron las primeras palabras que Tarini Dagnino, una trabajadora social venezolana en la India, dijo en entrevista con la Voz de América, enfatizando la grave crisis que viven las comunidades más pobres de esa nación en medio de una segunda ola de contagios por COVID-19.

Y por si fuera poco -explica- la situación amenaza con empeorar y generar una de las hambrunas más graves en un país donde unos 230 millones de indios quedaron en la pobreza debido a la pandemia.

Dagnino emigró hace 22 años a la India junto a su esposo de origen estadounidense Ram Das Batchelder. El propósito de ambos fue trabajar en lo que ella define como una “ONG espiritual” en el estado de Kerala, en el Sur de la India, específicamente en la comunidad de la humanitaria Mata Amritanandamayi, mejor conocida como Amma.

Desde su llegada al país, su guía ha sido la ayuda al prójimo y es así como actualmente y en una clara lucha contra una de las secuelas más graves del coronavirus, el hambre, decide irse a las calles para llevar alimento a los más necesitados. A su vez, clama por ayuda del exterior para ampliar la ayuda a poblaciones vulnerables.

¿Sus razones para impulsar esta iniciativa?

Sin trabajo “la gente no tiene nada que comer y eso es muy grave. Sobre todo, en este momento, porque el virus está en todos lados y si usted no come, no tiene defensas, entonces el virus ataca inevitablemente y mata”, explica la venezolana.

La idea de Dagnino coincide con un estudio revelado los primeros días de mayo por la Universidad Azim Premji, con sede en Bangalore, que revela cómo el estricto cierre de meses de la India, ha dejado sin trabajo a unos 100 millones de personas y ha puesto en desventaja económica sobre todo a las mujeres y a los niños.

India es un país con más de 1.366 millones de habitantes hasta 2019, según datos de Naciones Unidas.

Esta segunda ola empeorará las cosas», afirma Dagnino quien junto a su esposo y un amigo indio, Varun Junejam, fundaron “Feeding Rishikesh” o Alimentando Rishikesh. Este proyecto nació en Rishikesh-Uttarakhand, al Norte de India a 8 horas de Delhi.

Su movimiento, apoyado por voluntarios, empezó “cocinando entre 300 y 600 comidas calientes, básicamente arroz y lentejas” por día para convertirse en 100 “bolsas ración” de 12 kilos diarias: La idea es alimentar por 10 días a una familia de 4 a 5 personas. En el primer cierre repartieron cerca de 15.000 bolsas con apoyo de donaciones.

Explicó que en la primera ola de contagios, unas 100 bolsas diarias se costeaban con unos 8 dólares cada una, pero después de la caída de la economía a consecuencia de la prolongada cuarentena, en este momento para retomar la entrega necesitan más de 10 dólares por saco y el número de necesitados es desorbitante.

Yo trabajo en tres barrios. Los barrios más pobres. Pues imagínate llegar con un camión de comida […] ¡y en 10 minutos no hay nada!  ¡Y bueno, es maravilloso 100 familias por 10 días pueden comer Aleluya! Pero son miles”, reflexiona Dagnino.

Desde su perspectiva, para continuar con la operación necesitan, por lo menos, 1.000 dólares al día:  “Y no los tengo”, explica desde una pequeña habitación donde cumple una cuarentena y se recupera después de haber contraído coronavirus. Explicó que en los últimos 15 meses trabajó unas 20 horas diarias.

Su esposo también contrajo el COVID-19 y fue a parar a cuidados intensivos, en un momento donde el virus ha colapsado los hospitales y el Gobierno ha vuelto a poner freno a la actividad económica en la mayor parte del país. En este escenario, Dagnino y sus colegas admiten que sienten temor ya que puede llevar a millones de indios, cuyas vidas ya son precarias, a empeorar su condición.

Hasta ahora las redes sociales han sido clave para alimentar a centenares de familias en esa localidad, con aportes de amigos y amigos de estos amigos que respondieron a su llamado de auxilio a través de las plataformas basadas en internet.

Los mismos que ayudaban para Venezuela, lo hacen para acá”, apunta, pero también es consciente que en esta segunda ola necesitan más apoyo externo. Es por ello que, armados con un pequeño video explicativo han vuelto a la carga y habilitado sus redes sociales para que quien quiera ayudar lo haga exclusivamente para Rishikesh.

Presentaron además la campaña “con $10 come una familia por 10 días”, confiando nuevamente en tocar los corazones de quienes puedan ayudarlos.

¿Cómo nace Alimentando Rishikesh?

Un contratiempo y una llamada de una amiga fueron el origen: Tarini Dagnino, se quedó atrapada en Rishikesh haciendo cuarentena en marzo de 2020 y mientras estaba allí una amiga la llamó para pedir su ayuda como voluntaria en un proyecto que buscó dar comida a las personas de la comunidad, ya que un joven indio que tenía un restaurante estaba alimentando a todo aquel que tocaba la puerta de su restaurante.

Resultó que quién estaba alimentándolos era Varun Junejam. Respondiendo a la llamada y visualizando más allá le propone a Junejam buscar ayuda del exterior para ampliar la cobertura.

De Venezuela a la India

Dagnino había emprendido antes su activismo en movimientos similares para su país natal, Venezuela, cuando comenzó la crisis y el incremento de la pobreza generada por el chavismo, que coincidió con una visita que hizo al país. En ese momento empezó a contactar con grupos que cocinaban alimentos para los demás y a apoyarlos económicamente y consiguiendo fondos.

Empecé a hacer ‘fundraiser’ [captación de fondos] con mis amigos para estos pequeños grupos”, cuenta la venezolana.  A partir de 2018, tras otra visita a Venezuela y movida por las vivencias, creó Seamos el Cambio, fundación que va a cumplir tres años trabajando en el país suramericano y que actualmente cuenta con tres sedes: Caracas, Mérida y Barquisimeto.

Sin embargo, Alimentando Rishikesh, busca ir más allá. Después de pasada la crisis de la primera ola de contagios “se constituyó como una pequeña oenegé que asiste a mujeres desamparadas y brinda educación a niñas”. El sueño Dagnino es “comprar una escuela” para esas mujeres y niñas.

Yo quiero que mi proyecto vaya más allá”, admite esperanzada Dagnino.

Fuente: VOA

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