José vivía pensando en Adriana. Soñaba con ella y hacía todo tipo de marinas para hacerse notar con ella. Busca afanosamente, tener un primer acercamiento. En su corazón, José ya sentía el tun tun del amor por ella.
Estaba muy animado y cada día, se iba atando a la imagen de chica dulce y gentil, que venía haciéndose de ella. Se veía en ese sueño, caminando con ella de la mano por los pasillos del liceo. En su sueño sentía la envidia de otros adolescentes.
Llegó el día. En el liceo tuvo un casual tropezón con ella. José pensó, después de pedirle disculpas, que Dios le había dado la oportunidad de conocerla bajo un fortuito y fuerte encontronazo.
Adriana sin hacerle caso a las disculpas que le ofrecía José, lo vio con desdén y le dijo: ridículo apártate de mi camino.
José no salía de su asombro. creyó que el mundo le caía sobre su cabeza. Toda la ilusión que día tras día se había formado, llegó a su fin. José sintió, que una especie de adronitis le bajaba hasta su estómago y le producía una muy mala sensación.
Texto: Evaristo Marcano Marín
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