¿Libertad de expresión o extravío social? El fenómeno "Therian" llega a Venezuela

¿Libertad de expresión o extravío social? El fenómeno «Therian» llega a Venezuela

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La historia de la humanidad ha estado marcada por contraculturas que, en su momento, sacudieron los cimientos de lo convencional. Recordamos con nostalgia o extrañeza a los hippies de los 60 con su prédica de paz, o más recientemente, la melancolía estética de los emos y la rebeldía urbana de los waperos en los 90 y 2000. Sin embargo, aquellas eran tribus urbanas definidas por la música, el vestuario o el corte de cabello. Lo que hoy presenciamos bajo el nombre de «Therians» parece saltar la valla de la estética para adentrarse en un terreno que desafía la lógica humana y la estructura misma de la sociedad.

Más allá de una moda: La renuncia a lo humano

El movimiento Therian —personas que se identifican parcial o totalmente como animales— ha dejado de ser una curiosidad de internet para materializarse en nuestras plazas y parques. Ya no se trata de un disfraz de carnaval o una actuación teatral; hablamos de individuos que exigen ser tratados como caninos, felinos o reptiles.

La imagen es, por decir lo menos, perturbadora para el ciudadano común: adultos o jóvenes con máscaras y colas, caminando en cuatro patas, emitiendo gruñidos o, en casos extremos, siendo paseados con correas como si de mascotas se tratara. El desconcierto aumenta ante reportes internacionales de personas que acuden a clínicas veterinarias exigiendo atención médica. ¿En qué punto la búsqueda de identidad se convirtió en un desconocimiento total de la naturaleza biológica del ser humano?

El caso Monagas: Una alerta necesaria

Venezuela no es ajena a esta tendencia. Recientemente, el estado Monagas fue epicentro de una polémica cuando la administración de un conocido parque público tuvo que emitir un comunicado oficial deslindándose de un «encuentro Therian» convocado por redes sociales. La gerencia fue enfática: no hubo autorización.

Este incidente pone sobre la mesa una pregunta urgente: ¿Hasta dónde llega el derecho individual cuando este colide con el orden público y la salud mental colectiva?

El desafío para la familia y el Estado

Para los padres de familia, la situación es un laberinto educativo. ¿Cómo explicarle a un niño que observa a una persona actuar como un perro en un parque que eso es «normal»? El riesgo de que estas conductas se normalicen sin un filtro crítico es latente, especialmente en una generación hiperconectada que consume tendencias globales sin mayor cuestionamiento.

Este fenómeno no puede despacharse simplemente como una «excentricidad juvenil». Es un llamado de atención a las autoridades competentes —educativas, sanitarias y de seguridad— para que se aboquen a estudiar el trasfondo de estas conductas.

  • La legalidad: ¿Es permitido el uso de espacios públicos para actos que desvirtúan la dignidad humana?
  • La familia: ¿Qué apoyo están recibiendo los núcleos familiares para manejar estas crisis de identidad?
  • El futuro: ¿Qué tipo de sociedad estamos construyendo si permitimos que la realidad biológica sea sustituida por la percepción subjetiva de ser un animal?

La convivencia social requiere límites claros. Si bien el respeto es la base de la democracia, este no debe significar la aceptación pasiva de conductas que atentan contra la lógica y el sano desarrollo de la comunidad. El bienestar de la familia venezolana y el futuro de nuestra juventud dependen de que se recupere el sentido común antes de que lo absurdo se convierta en la nueva norma.

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