Detrás de las aguas mansas de la Laguna de Ipure se esconde un relato de magia, tragedia y misticismo indígena que ha desafiado el paso de los siglos. En las tierras del municipio Acosta, al norte de Monagas, lo que hoy es un pacífico cuerpo de agua fue una vez el escenario de una batalla espiritual entre las fuerzas de la naturaleza y la sabiduría ancestral de la etnia Chaima.
Esta es la leyenda de un manantial sagrado, una pérdida desgarradora y el baile que mantiene viva la memoria de un pueblo.
Mucho antes de convertirse en la laguna que hoy conocemos, este rincón de San Antonio de Capayacuar era un pequeño y cristalino manantial. Para los indígenas chaimas, era un lugar de paz, el punto de encuentro diario donde se abastecían de agua pura.
Sin embargo, la calma se rompió el día en que dos hermanos de la tribu se acercaron a la orilla. De la nada, las aguas se agitaron violentamente y de las profundidades emergió una criatura colosal: una serpiente gigante de proporciones monstruosas. En un parpadeo de terror, el reptil atrapó y se tragó a la pequeña niña. Su hermano, paralizado por el miedo pero impulsado por la adrenalina, corrió de vuelta a la aldea para dar la alarma.
La comunidad chaima no se quedó de brazos cruzados. El chamán del pueblo —el piache, guardián de los secretos espirituales— guio a los hombres de vuelta al manantial. Con el peso de la tragedia sobre sus hombros, el brujo local comenzó a invocar un poderoso conjuro. Los rezos y la conexión con los espíritus de la tierra surtieron efecto: la bestia fue obligada a salir de su escondite.
El piache, en un acto de justicia y dolor, abrió al descomunal animal por la mitad para recuperar el cuerpo de la niña.
Sus padres, desconsolados, se llevaron los restos de la pequeña para darle sepultura según sus ritos sagrados. Pero el verdadero misterio comenzó días después. Cuando los miembros de la tribu regresaron al lugar del combate, los restos de la serpiente habían desaparecido por completo. En su lugar, el terreno se había hundido y expandido, dando paso a una profunda cuenca de agua: así nació la Laguna de Ipure.
Las leyendas no solo se cuentan, también se danzan. El mito chaima caló tan hondo en la identidad de la región que dio origen al Baile de la Culebra de Ipure, una de las manifestaciones folclóricas y dancísticas más importantes del estado Monagas y de Venezuela.
En esta danza colectiva, los pobladores rinden homenaje a sus ancestros:
- El movimiento: Los bailarines se organizan en una larga fila, tomados firmemente por la cintura.
- El ritmo: Acompañados por la música tradicional, el grupo se desplaza imitando con asombrosa sincronía los movimientos ondulantes, sigilosos y rítmicos de la serpiente mítica.
- El significado: Más que un espectáculo, es un acto de memoria histórica que conecta a los monaguenses actuales con el poder de sus raíces indígenas.
Hoy en día, la Laguna de Ipure sigue allí, custodiada por las montañas de Monagas. Sus aguas reflejan el cielo, pero quienes conocen su historia saben que en el fondo late el recuerdo de un conjuro antiguo y el cuerpo de una serpiente que se convirtió en paisaje.
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