El papelón fue patentado en países de América y Europa

Si no lo hubiera leído en The New York Times no lo hubiera creído. Pero todo indica que es verdad. Un intrépido empresario colombiano logró registrar como creación propia nada menos que el papelón. Es más, hasta la oficina de patentes le otorgó el permiso Nº 10.632.167 que describe el método “para fabricar un azúcar sin refinar que contiene altos niveles de policosanoles, alcoholes que se encuentran en la cera de la caña de azúcar y que supuestamente reducen el colesterol”. Se llama José González Ulloa y ha hecho lo mismo en Colombia, Ecuador, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, China, Australia y la Unión Europea.

Pretender registrar el papelón, o panela, como se le dice en los Andes y Colombia, es como declararse inventor del agua tibia. Existe en todos los países donde hay caña de azúcar que llegó a estas tierras en 1493 en el segundo viaje de Colón, quien la trajo desde las islas Canarias para sembrarla en La Española y de allí por todo el Caribe y sus alrededores.

Ángel Rosemblat tiene un extenso trabajo sobre el léxico papelón al que ubica solamente en Venezuela, mientras que en otros países se le llama panela, piloncillo, chancaca, raspadura, panocha. Si los funcionarios estadounidenses que otorgaron la patente lo hubieran leído, habrían dudado antes de firmar la autorización. En el oriente y centro del país, hasta Lara, se impuso la palabra papelón, documentada por primera vez en 1682 en un documento en El Tocuyo. Luego, en 1689, el cabildo de la misma ciudad fijó el precio en un real por dos libras de “papelón bueno y purificado”. La palabra panela, en cambio, común en los Andes, es más internacional y se usa no solo en Colombia sino en Canarias y en Granada, España, donde en 1672 una arroba de azúcar de panela costaba cuatro maravedíes.

En esencia es el mismo producto donde la denominación varía de acuerdo a la forma. Papelón es la meladura de caña cuajada en forma cónica, cuyo nombre se origina en el cucurucho de papel duro. Panela es la misma meladura pero cuajada en forma rectangular o cuadrilonga.

Al papelón se le llamó despectivamente el azúcar de los pobres. Si bien ciertos escritos coloniales indican una diferenciación social en el consumo de la caña de azúcar procesada, la blanca y refinada para los más pudientes, la primitiva y sin refinar para los más pobres –algo similar ha ocurrido con el pan de trigo en Europa, el pan blanco para la aristocracia y el pan negro de centeno para la plebe–, en la práctica esto se debió más a la rudimentaria condición de los ingenios azucareros de la época que a una discriminación racial o social.

El papelón fue siempre abundante y fácil de elaborar, por eso su consumo se hizo popular, fue constantemente mayor, lo que verdaderamente contribuyó a desarrollar, quizá en exceso, el gusto por lo dulce de los venezolanos.

Hoy el azúcar blanco refinado es más económico que el papelón y mientras las grandes mayorías optan por la primera opción, ciertas élites atraídas por la agricultura orgánica y la moda naturista, se inclinan por consumir la primitiva azúcar no procesada que alimentó a los peones y esclavos de las primeras haciendas donde se cultivó la caña de azúcar. Vueltas de la vida.

Con información de: Miro Popic/https://talcualdigital.com/

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