HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: LA RESTAURACIÓN EN LA ISLA DE MARGARITA EN ESTOS TIEMPOS

El primer restaurante del que se tiene noticias en la isla de Margarita lo encontramos en “Las Elegías” de Juan de Castellanos quien vivió en el Valle de San Juan entre 1541 y 1542, y lo describe al aire libre y debajo de las ceibas deleitosas del verde Valle Sanjuanero allí se deleitaban de los banquetes que “las diligentes mozas atendían a los felices sibaritas”, así tenemos:
“Y debajo de ramas tan amenas/asientos puestos y las mesas llenas.
Allí las carnes vencen en sabores/ a las más excelentes y mejore.
Otro mistillo, y otro taratalla/que guisaban con varios adherentes.
Sirven mestizas mozas diligentes/ instruidas de mano castellana.
Otro número grande de sirvientes/captivos de la tierra comarcana.
Ricas toballas, lúcida vajilla/ y todo lo demás a maravilla”.

Sin lugar a dudas parte de los productos alimenticios que traían de Sevilla, España, durante la bonanza que se vivió en Cubagua, se vino con ellos a San Juan según el Cronista Castellanos y así como lo he asegurado en otras oportunidades: “El origen de la comida margariteña está en la fusión que se dio en la isla de Cubagua con el encuentro de la población aborigen con las corrientes europeas y africanas”.

Son pocos los datos que se tienen -en proceso de comprobación documental- de la existencia de posadas, pensiones u otros establecimientos dedicados a servicio comensal, algunos escritores entre ellos Ángel Félix Gómez no dicen que “la hospitalidad del margariteño ha sido proverbial y desde los mismos iniciales de la colonización esta se hizo evidente” característica resaltada en las crónicas de visitantes y las visitas pastorales o como lo describe Andrés Aurelio Lavel en 1861: “…no se sabe lo que son fondas, posadas, ni hosterías, y no se concibe que necesitando algo el forastero, no lo tenga al poseerlo un margariteño”.

Por el incesante comercio que generaban los puertos de Porlamar, Juan Griego y Pampatar para satisfacer la demanda de la gente que arribaba a estos en busca de mercancías y alimentos a sus alrededores se fueron creando los primeros establecimientos para servir comidas y bebidas , así nacen los primeras fondas y botiquines.

Es en la década de los años 50 del siglo pasado cuando se empieza crear restaurantes dedicados a la cocina margariteña, generados por el insipiente turismo que contó con el apoyo del gobernador Heraclio Narváez Alfonzo quien vio en la actividad turística una forma de generar ingresos a la maltrecha economía neoespartana, así resaltan los pioneros en la venta de comida margariteña, primero en los alrededores del mercado de Porlamar Bartola Rosario, Claudia Rodríguez (Manacagua), Rafaela Velásquez entre otras y luego Rómulo Castillo, Severiano González (Gacho), Chica Guerra, Nino Suarez, Deogracia Salazar (Gacho) y Dorina Marin.

Con la implantación de los regímenes de Zona Franca primero y luego Puerto Libre la isla de Margarita se convirtió en un centro mundial de la gastronomía, aquí funcionaron restaurantes de alto prestigio en cocina francesa, italiana, española y mediterránea, china, mexicana, colombiana, peruana, uruguaya, dominicana, argentina, entre otras, que empezó a decaer con el derrumbe del régimen aduanero.

Sin embargo hay gente que siguió apostando a la gastronomía, y en estos momentos han tenido que parar sus actividades, con la incertidumbre dando vueltas en sus visiones actuales; desde mi perspectiva los invito a preparase, a seguir con ese ímpetu característico de la gente de cocina -siempre en movimiento-, a reinventarse, no doblegarse y seguir adelante bajo el amparo de nuestra Virgencita del Valle:
“La historia demuestra que el margariteño y todos aquellos apegados a nuestra identidad son seres de adaptación evolutiva circunstancial, sólo necesitan afinar la sensibilidad para lograr que la percepción y la realidad se junten, y así con entusiasmo levantar escalones de reflexión, trabajo y compromiso para alcanzar con exaltación nuevas obras y sembrarlas en caminos de esperanza”. Y así será.

(Verni Salazar, 01 VII 2020 HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES).

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