HUELLAS Y PRESENCIAS INSULARES: VIRGENCITA DEL VALLE, NO VALLITA

De un tiempo para acá hemos oído a algunas personas referirse a la Virgen del Valle como “Vallita”. Esto se hace más frecuente en estos días cuando se rinde honores a nuestra Excelsa Patrona. Lo triste es tener que oír a la “conductora” de un programa de radio repetir tal exabrupto. Nada raro, por supuesto, porque también la he oído decir “habemos” y defender aquello de “millones y millonas”, “libros y libras”. A esto no le encuentro lógica ni explicación, debería haber más control hacia quienes se hacen llamar “comunicadores”, que en lugar de acariciar el idioma, que es su materia prima, lo ultrajan y lo maltratan.

Pero volviendo a lo del término “Vallita”, que a mi juicio deviene en una falta de respeto a nuestra Madre, permítame recordarle, amigo lector, que los diminutivos son sufijos que se utilizan para matizar el significado de ciertas palabras; y pueden ser usados para referirse a algo pequeño (sembré unas “maticas” de limón; hizo una “casita” para ellos dos) o como muestra de cariño y afecto a una persona (extraño mucho a “papaíto”), a un objeto (mi “carrito” me lleva a todas partes) o a un animal, (mi “perrito” es cariñoso). También los lugares pueden recibir esos matices. Pequeñez: Vivo en un “pueblito” ubicado al norte de la Isla llamado Pedrogonzález; y afectividad: Nunca abandonaría a mi “pueblito”.

Según versiones, la sagrada imagen de la Virgen llegó a Cubagua hacia el año de 1530 y, luego del huracán que asoló la isla en 1541, fue trasladada a la localidad de El Valle, en la isla de Margarita, donde le construyeron una ermita para venerarla. Como habrá notado, la estructura gramatical “del Valle” presente en la expresión “Virgen del Valle”, se refiere a un sitio específico. Esa estructura, por razones sintácticas, fonéticas y morfológicas, pasó de “de El Valle” a “del Valle”, observándose en esta última la unión de la preposición “de” con el artículo “el” para formar la partícula “del”, conocida como contracción o crasis gramatical.

La expresión “Virgen del Valle”, además de resaltar que la misma se refiere a una de las más connotadas advocaciones con que se conoce y venera a la Madre de Dios, representa, desde el punto de vista sintáctico, a un sintagma nominal (SN), cuyo núcleo central es el sustantivo Virgen. Este SN, a su vez, está conformado por un sintagma preposicional (SP) “del Valle”, que como dije antes, está relacionado con un lugar. Esto deja claro que “Virgencita” sería el único diminutivo válido, por cuanto está relacionado directamente con el sustantivo “Virgen”. Mientras que “Vallita” estaría relacionado con el lugar. Por supuesto, “Vallita” puede ser utilizado como diminutivo, pero sólo cuando se refiera a las féminas que lleven por nombre “Del Valle” o “Delvalle”.

Como margariteño creyente y defensor de la Virgen del Valle, considero, pues, que el uso del término “Vallita” es incorrecto y constituye un abuso y un irrespeto a su majestuosidad. Si lo que se quiere es demostrarle amor, afecto y cariño, sigamos llamándola como hasta ahora lo hemos hecho: “Mi Virgencita del Valle”.

Mi solidaridad con este concepto

(Tomado de Celis Rodríguez, SOL DE MARGARITA, 05/09/2014)

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