Los Cachos de Marunga: No estaba muerto (de cómo Pellín me salvó la vida)

La calle Libertad de Porlamar era el inicio del sector Punda; mi familia vivía en la casa Nº 24 frente a lo que es hoy el edificio Fetraesparta, el cual sirvió también como mercado libre y después como gimnasio donde había un ring para combates de boxeo y lucha libre. Se reunían en esa calle muchos carajitos entre los del señor Modesto Gómez que con machos y hembras eran más de doce; los de el sastre Teódulo Alfonzo seis; los de Patricio Mujica cinco; mas allá los de Lubín Salazar y Pablito Fuentes; en la misma acera de la casa estaba la familia de Pedro Savignac, conocido como “Pellín”, donde había siete más; total, un gran número de tremendas criaturas. El que quería tomarse una foto, iba donde Pellín y pagaba después. Era un hombre de un carisma  particular: muy cariñoso, de buen trato pero con un carácter correcto para imponer orden y respeto a aquella multitud de carajitos que correteaban por las calles haciendo travesuras propias de esa edad; junto a su mujer Rosa, formaban una pareja que siempre estaba pendiente de nosotros. Además de su taller de fotografía, Pellín trabajaba conduciendo un enorme camión para repartir cerveza; este era fácil de identificar porque tenía un sello blanco y verde donde se leía la palabra Heineken de la famosa cerveza alemana. Cuando pellín venía a almorzar, estacionaba el camión frente a la puerta de su casa que quedaba a dos de la nuestra.

Después de reposar su almuerzo, como a eso de las dos de la tarde, Pellín retomaba su trabajo de repartir la cerveza; como sabía que en el sector había muchos carajitos conocidos por él y a quienes tenía el derecho a regañar por ser un vecindario donde se compartía todo, hasta eso, antes de montarse en el camión, revisaba por debajo del mismo “por si acaso”, decía. Una vez, revisando como era su costumbre encontró a uno de los carajitos metido entre las llamadas ruedas “morochas” traseras pero no jugando sino ¡dormido! de lo más placentero. Era un muchachito morenito quemado, como de tres años. ¡¿Cómo dejaron salir a un carajito tan chiquito!? Se preguntó al tiempo que lo tomaba en los brazos y lo llevaba a la casa donde él sabía que vivía. ¡Mira Camucha-así le decía a Carmen Romero- ¡a ti hay que joderte por descuidada! ¡Ve lo que estaba debajo del camión; tu hijo Carlitos dormido de lo más tranquilo! ¡De vaina lo despaturro!

–¡Ay Pello! ¡Dios te guarde mijo querido! Pero es que ese Carlitos es tremendo desde que nació! ¡Me cegó el muchacho! ¡No sé en qué momento se me salió pa’la calle! ¡Qué la virgen del valle te  proteja Pello porque si no, ¿qué hubiera hecho yo?!-decía Carmen Romero la mamá de Carlos Mujica, el hoy “Marunga”

Aquí vemos como entre las cosas que se narran en este conglomerado de anécdotas, no puede faltar la de por qué en parte le debo la vida a Pellín, ese gran hombre,  quien a través de sus gráficas nos enseñó a querer a este Porlamar que poco a poco, si no se toman decisiones a tiempo, va a desaparecer completamente como ocurre con las cosas nuestras, cuando no sentimos apego y amor suficiente para conservarlas.

…”camarón que se duerme lo despaturro”

Pellín

Tomado del libro: “Ocurrencias de mi gente” de Carlos Mujica “Marunga“

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2026-09-30