Pintor venezolano vive encerrado desde hace más de 50 años por voluntad creadora

Macario Colombo Aldana tiene más de 50 años encerrado en su casa por una necesidad interna que lo hace pintar casi a diario. Este creador venezolano nació en la Sierra de Baragua del estado Lara, y se caracteriza por mostrar una obra de alto contraste que ha ganado reconocimiento nacional e internacional.

El arte de Macario ha logrado transcender las fronteras venezolanas y sus obras se encuentran en países como Rusia, Italia, Grecia, España, Alemania y EE.UU. Algunos coleccionistas buscan sus piezas llenas de fantasías, mitos, controversia y visiones filosóficas sobre religión, cristianismo, el origen de la vida y la muerte, con un profundo acento de melancolía, terror y drama.

Este pintor autodidacta, escogió el encierro, como estilo de vida, para crear sus obras

Yo vivo por y para la pintura, sin la pintura yo creo que no sería nadie. Soy Macario Colombo y me conocen así, es por lo que yo he hecho con la pintura o ella ha hecho por mí”, explica el artista que trabaja sus pinturas desde cero, incluyendo el montaje de los cuadros y los lienzos.

Lo primero que se observa al entrar a su casa es una gran pared pintada que da la bienvenida a un lugar lleno de colores, antigüedades, centenares de libros y una amplia colección de piezas que muestran su amplia carrera artística, signada por una profunda carga espiritual y años de encierro.

Su imaginación le permitió disfrutar al máximo esa etapa de su vida y fue a los 12 años cuando hizo su primera pintura: la fachada de la casa del frente de su hogar en Baragua. “Mi hermano me dijo que la guardara porque ya esa casa no existe. Fue mi primer dibujo y ahí comenzó esa necesidad de pintar, casi biológica o patológica, que llevo por dentro“.

Por la necesidad de que la familia viviera mejor, los padres de Macario decidieron abandonar Baragua, pasar por Carora y luego instalarse en Barquisimeto. “Llegamos aquí y desde entonces estoy pintando. En principio me tocó trabajar haciendo instrumentos y así era que nos ganábamos la vida, siempre fuimos pobres“.

Macario cuenta que al principio, por cuestiones de tiempo, solo dedicaba a la pintura un día a la semana, los domingos. Sin embargo, la necesidad de pintar lo hizo a entrar en una vorágine creadora que lo encerró en su cuarto para expresar todo lo que surgía de su imaginación.

Yo sentía que si no pintaba me iba a enfermar, era algo que me decía que pintara, que tenía que hacerlo. Eso es como una especie de locura creativa, la necesidad de expresión, que las manos dibujen eso que la mente se imagina, a veces desde la oscuridad, y que termina en un lienzo“.

Así fue como Macario se abstrajo en su imaginario. “Me fui quedando en la casa y mi mamá era la que sacaba mis trabajos a la calle, los vendía o los dejaba en un lugar para que los vendieran. Mucha gente llegó a decir que yo estaba loco y no los culpo, es difícil que entiendan“.

Yo también llegué a pensar en un momento que me estaba volviendo loco, porque estaba tan dentro de mi imaginación y de las pinturas, que filosofando decía: ‘¿será que he muerto y mi espíritu utiliza mi cuerpo para esto?’. Por eso, como vivo encerrado, tengo que estar activo, eso me lo recomiendan los psicólogos. Me pongo a drenar con la pintura, la escultura o los instrumentos“.

Sobre la venta de sus pinturas, el artista dice que no le interesa lidiar con ese asunto. “Esas cosas no me gustan, ni los horarios. Eso me fastidia. Yo pintando es que me siento libre. Hay días en que no he pintado y cuando llega la noche me da por ponerme a trabajar y puedo durar toda la madrugada“.

Macario dice que pensar en el dinero envenena a las personas y las vuelve codiciosas. “Hay gente que se pierde por la avaricia, yo no, yo soy un hombre feliz pintando, que no le hace daño a nadie, que no le gusta la violencia, que cree que la mujer es algo maravilloso y que nos da la vida. Así veo la vida, sencilla, sincera, sin tanto lujo y sin mentiras“. 

Agrega que su obra también está llena de amor. “El amor sagrado es el que se le tiene a los hijos, y eso a su vez, viene viene del amor profano, del amor que uno tuvo con una mujer y salió un hijo, ahí se unen ambos amores, por eso el universo está hecho de amor“.

Macario comenta que estuvo casado y su exesposa sigue siendo su amiga “aunque se enamoró de otro hombre, uno bueno“. Con ella tuvo tres hijos, dos hembras y un varón.

Yo voy a pintar hasta que me muera, hasta que el cuerpo me lo permita, es lo que me da vida y aunque no me quiero morir, porque me gusta mucho la vida, estoy claro que eso va a pasar algún día“.

Con información de: Orlando Rangel / Actualidad RT

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