Se habla venezolano: "Ta’ barato, dame dos"

Se habla venezolano: “Ta’ barato, dame dos”

Durante la década de 1970, los pasillos de los grandes centros comerciales de Miami comenzaron a registrar un murmullo inconfundible. Familias enteras, armadas con maletas adicionales y tarjetas de crédito dispuestas al límite, recorrían las tiendas de ropa, tecnología y artículos del hogar. Ante cualquier etiqueta de precio, la respuesta era automática, casi un mantra de satisfacción y abundancia: Ta’ barato, dame dos”.

Aquella frase no era una simple muletilla de compras; era el síntoma visible de un fenómeno social y económico que marcó a fuego la mentalidad del venezolano de la época.

La era del petróleo y el bolívar fuerte

Para entender el origen de esta mentalidad, hay que remontarse a la Venezuela de la bonanza petrolera. Con el barril de crudo en precios récord y un tipo de cambio fijo de 4,30 bolívares por dólar, el poder adquisitivo de la clase media se disparó a niveles nunca antes vistos en la región.

Viajar al exterior dejó de ser un privilegio reservado para unos pocos. Volar a la ciudad de Miami —rebautizada coloquialmente por muchos como “Mayami”— se convirtió en un plan de fin de semana tan habitual como ir a la playa. El venezolano se transformó en el cliente favorito de los comercios estadounidenses, distinguido por su generosidad al gastar y su desdén por el regateo.

El despertar del sueño: el Viernes Negro

La ilusión de la riqueza inagotable encontró un muro infranqueable el 18 de febrero de 1983, una fecha grabada a fuego como el Viernes Negro. Ese día, el gobierno anunció la devaluación de la moneda nacional, poniendo fin de golpe a la era del dólar a 4,30 y desatando un ajuste económico sin precedentes.

Las maletas llenas de electrodomésticos y ropa de marca cedieron su lugar a la incertidumbre. El flujo constante de viajeros disminuyó drásticamente y los comercios del norte sintieron de inmediato la ausencia de sus clientes más compulsivos. El sueño del consumo ilimitado se desvaneció en cuestión de horas.

De la abundancia a la ironía colectiva

A pesar del cambio de rumbo económico, la frase sobrevivió. Con el paso de las décadas, “Ta’ barato, dame dos” mutó de sentido: dejó de ser una alarde de riqueza para convertirse en un recurso cargado de humor negro, nostalgia e ironía.

Hoy en día, los venezolanos la utilizan para hacer referencia a precios insólitos, para burlarse de la inflación o simplemente para recordar, entre sonrisas y resignación, aquel pasaje de su historia donde la abundancia parecía no tener fin. Queda como un retrato hablado de una época dorada que, aunque lejana, sigue viva en el vocabulario y en la memoria popular.

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2026-08-02