La alcancía de las palabras y sus coroticos: Sitibunda/sitibundo

La alcancía de las palabras y sus coroticos: Sitibunda/sitibundo

Desde que lo vi llegar a la sala de lectura, sentí que su delgada figura daba la sensación de ser una mujer muy transparente.

Se me acercó al escritorio donde me encontraba conversando con la persona que estaba de guardia en la sala. Dio los buenos días y sacó de su bolso una lista de obras, pero me llamó la atención que preguntaba por cada obra y en algunas pedía varias ediciones de ellas.

La responsable de la sala fue tomando nota de cada pedido y antes de salir a los pasillos de la sala para buscar las obras, se me acercó y casi al oído me dijo: está muchacha es una sitibunda, vele la cara.
Yo decidí verla y entendí que si tenía cara se sitibunda.

Me animé y le pregunté las razones por las cuales en alguna obra pidió desde la primera edición hasta la quinta. Esa obra de Foucault que pedí desde la primera edición hasta la quinta, tengo nuevamente sed de ella para ver, cómo Michel Foucault fue avanzando en su visión sobre el poder.

Al oírla, dándome esa razón, sentí que efectivamente tenía sed y era una auténtica sitibunda. Por lo que me dijo, supe que conocía a Foucault y estaba sediento de él.

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