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Hay músicos que interpretan un instrumento y hay otros que, a través de él, logran explicar un país. Aquiles Báez (1964-2022) pertenecía a esta última estirpe. No era solo un guitarrista excelso; era un arquitecto de sonidos que tomó la tradición venezolana, la desnudó de prejuicios y la vistió con las armonías universales del jazz y la música académica.
El Maestro de la «Síncopa de la Vida»
Nacido en Caracas, pero con un corazón que latía al ritmo de la costa y el llano, Aquiles comenzó su romance con las cuerdas desde muy joven. Su estilo se convirtió rápidamente en su firma: una mano derecha prodigiosa capaz de extraer la percusión de la madera y una mano izquierda que navegaba por acordes complejos, pero siempre melodiosos.
Báez no veía géneros, veía puentes. Fue capaz de colaborar con figuras de la talla de Paquito D’Rivera, John Patitucci o Ennio Morricone, pero siempre regresaba a la raíz. Para él, un merengue caraqueño o un vals de Pasillo tenían la misma profundidad intelectual que una sonata europea.
Guataca: Sembrando el Futuro
Quizás su mayor legado, más allá de sus más de 17 producciones discográficas, fue su rol como gestor cultural. A través de Guataca, una plataforma que fundó para impulsar el talento emergente, Aquiles se convirtió en el «padrino» de la nueva música venezolana.
Bajo su ala crecieron decenas de artistas que hoy brillan en escenarios internacionales. Aquiles no buscaba el protagonismo; buscaba que el cuatro, la bandola y la voz venezolana tuvieran un sonido de exportación, con estándares de producción impecables.
«La música es el arte de combinar los silencios con los sonidos, pero en Venezuela, es el arte de combinar la esperanza con la realidad», solía decir el maestro entre risas y anécdotas.
Un Adiós en Escena
La partida de Aquiles Báez en septiembre de 2022, durante una gira por Europa, dejó un vacío inmenso en el pentagrama nacional. Murió como vivió: con la guitarra en la mano y la maleta llena de sueños para su país.
Su fallecimiento unió a todas las facetas del arte venezolano en un solo duelo. Desde los músicos de la academia hasta los cultores populares del pueblo más remoto, todos sintieron la pérdida del hombre que hizo que la guitarra venezolana sonara a libertad.
Hoy, la obra de Báez se estudia en conservatorios y se toca en las plazas. Temas como «La Casa Azul» o sus arreglos de música navideña son ya parte del ADN cultural de la nación. Aquiles nos enseñó que ser universal no significa olvidar de dónde vienes, sino profundizar tanto en tus raíces hasta que encuentres el punto donde todos los seres humanos nos parecemos.
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