Cariaco: 29 años de la tarde en que la tierra se partió en dos

Cariaco: 29 años de la tarde en que la tierra se partió en dos

El reloj marcaba las 3:24 de la tarde del 9 de julio de 1997. En Cariaco, un pueblo humilde del estado Sucre, la rutina transcurría entre el calor costero y las actividades escolares de fin de curso. En un par de minutos, el subsuelo de la región nororiental de Venezuela liberó una fuerza devastadora que cambió la historia del país y desnudó las fallas de la infraestructura pública. Hoy, a casi tres décadas de la tragedia, los recuerdos siguen tan vivos como las cicatrices en el asfalto.

El rugido de la falla de El Pilar

Aquella tarde, un sismo de magnitud 6.9 sacudió la geografía oriental. No fue un temblor común; el movimiento tuvo su origen exacto en la falla de El Pilar, una fractura geológica activa que atraviesa el estado Sucre. La liberación de energía provocó una ruptura superficial que fracturó carreteras, partió viviendas a la mitad y generó un fenómeno de licuación de suelos, haciendo que terrenos firmes se comportaran temporalmente como arenas movedizas.

La peor parte se la llevó Cariaco, donde las construcciones civiles más emblemáticas no resistieron las ondas sísmicas.

El colapso de la educación y la salud

El balance humano y material del desastre quedó marcado por el derrumbe de estructuras que debieron ser refugios seguros. Los casos más dramáticos ocurrieron en dos instituciones educativas y en el centro de salud de la localidad:

  • Liceo Raimundo Martínez Centeno: La estructura de tres pisos se desplomó por completo, atrapando a decenas de estudiantes y profesores que realizaban actividades extracurriculares.
  • Escuela Valentín Valiente: Otra edificación escolar que cedió ante la fuerza del sismo, cobrándose la vida de niños pequeños.
  • Ambulatorio de Cariaco: El principal centro médico del pueblo colapsó, complicando severamente las labores de primeros auxilios en las horas posteriores al desastre.

En total, la tragedia dejó un saldo trágico de 73 víctimas fatales, cientos de heridos y miles de personas que lo perdieron todo en cuestión de segundos.

Las lecciones de una tragedia

El desastre de Cariaco expuso una realidad incómoda: el grave incumplimiento de las normas de construcción sismorresistente en el país. El colapso de los edificios escolares se debió, en gran medida, al efecto de «columna corta», un error de diseño arquitectónico que rigidiza las columnas y las hace vulnerables a fracturas catastróficas durante un temblor.

A raíz de este evento, Funvisis (Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas) intensificó las campañas de concientización y se revisaron los códigos de construcción en el territorio nacional. Sin embargo, a 29 años del suceso, la gran pregunta que flota en el aire de Cariaco y de toda Venezuela sigue siendo la misma: ¿están las ciudades actuales verdaderamente preparadas para un evento de similar magnitud?

El dolor de aquel 9 de julio se transformó en memoria colectiva. Cariaco no olvida a sus muertos, y su historia se mantiene como un recordatorio permanente de la fuerza de la naturaleza y de la urgencia de construir con responsabilidad.

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