Tras los eventos sísmicos registrados el 24 de junio en Venezuela, ha resurgido una interrogante constante entre los habitantes de la capital: ¿por qué urbanizaciones como Los Palos Grandes o Altamira suelen sufrir daños tan severos cada vez que la tierra tiembla? La historia, que ya se había vivido de forma dramática en el fuerte sismo de 1967, se repitió en estos últimos días, demostrando que el impacto de las ondas telúricas no se distribuye de manera uniforme por toda la ciudad.
Antes de profundizar, es necesario hacer una aclaratoria importante. Este análisis no sugiere que Altamira y Los Palos Grandes hayan sido los puntos con mayores daños a nivel nacional durante este sismo de 2026. Es de conocimiento público que regiones como La Guaira, Catia La Mar y otras zonas costeras sufrieron un impacto muchísimo mayor. Sin embargo, la recurrencia de daños estructurales en estos sectores específicos del este de Caracas responde a una explicación científica y geológica muy clara, vinculada a la composición de sus suelos y al comportamiento de las edificaciones ante la vibración.
Un suelo con comportamiento de gelatina
El misterio de esta vulnerabilidad radica en la geología profunda de la zona. Caracas está construida sobre un valle aluvial. No obstante, justo debajo de gran parte del este de la ciudad, en sectores como Altamira y Los Palos Grandes, los sedimentos acumulados alcanzan hasta los 300 metros de profundidad. Esta capa subterránea está compuesta por depósitos de gravas, arenas y sedimentos mixtos muy finos; suelos considerablemente más blandos que la roca sólida que conforma, por ejemplo, el cerro El Ávila.
Para entender el efecto de esta condición, los especialistas suelen usar una comparación sencilla:
Si en una mesa de madera se coloca un recipiente con arena y tierra, y al lado otro del mismo tamaño lleno de gelatina, al golpear la mesa el primer envase se mantendrá firme. El de gelatina, en cambio, se quedará temblando de forma prolongada.
Eso es exactamente lo que ocurre con esos 300 metros de sedimentos blandos. Cuando una onda sísmica pasa por una zona de roca dura —como el oeste de Caracas, Catia o La Vega—, la atraviesa rápidamente y sufre muy poca amplificación. Pero al ingresar a los suelos profundos del este, las ondas disminuyen su velocidad y aumentan su amplitud. Es el mismo principio físico que se observa en las olas del mar, las cuales crecen en tamaño a medida que se aproximan a la orilla. El suelo blando atrapa la energía del sismo y la hace vibrar con mayor intensidad y por más tiempo.
El fenómeno de la resonancia estructural
A la flexibilidad del suelo se le suma un segundo factor determinante: la relación entre el terreno y la altura de los edificios, un fenómeno conocido como resonancia.
Durante un movimiento telúrico, los suelos más duros o con sedimentos delgados presentan un vaivén rápido, que va de 0.6 a 0.8 segundos. Por el contrario, los suelos profundos del este de la capital completan su ciclo de movimiento de forma más lenta, tomando entre 1 y 2 segundos.
El problema radica en que ese rango de tiempo (de 1 a 2 segundos) coincide de forma casi exacta con el periodo de vibración natural de los edificios que tienen entre 8 y 12 pisos de altura, tipología constructiva muy común en Altamira y Los Palos Grandes.
Cuando el suelo y el edificio vibran al mismo ritmo, se genera un efecto similar al de empujar un columpio en el momento exacto de cada vaivén: cada impulso se suma a la energía del movimiento anterior, haciendo que el columpio llegue cada vez más alto. De esta forma, las estructuras de estas zonas, en lugar de disipar la energía del sismo, amplifican su propio movimiento. Esto multiplica los esfuerzos sobre columnas, vigas y losas, incrementando drásticamente el daño estructural.
Este comportamiento diferenciado explica cómo dos edificaciones construidas con materiales idénticos pueden reaccionar de forma completamente opuesta durante el mismo terremoto, dependiendo estrictamente del suelo sobre el cual están asentadas. Conocer a detalle la respuesta de los terrenos sigue siendo una de las herramientas de prevención más importantes para gestionar el riesgo sísmico y adaptar las normativas de construcción de la capital.
Con información de: Adrián Sánchez Iorio
Otilca Radio
Inversión Social Estratégica
Súmese a nuestro modelo de Sostenibilidad Cultural y Educativa. Transforme su aporte en impacto social medible a través de criterios ESG.
Aportes Directos (Venezuela - Pago Móvil):










