En el corazón de Casanay, donde el sol del estado Sucre dicta el ritmo de la vida, existe un rincón donde el tiempo parece haberse detenido en una fiesta de color y deseo. Bajo un techo de paja, en la frescura de un patio que sirve de santuario creativo, Cleto Rojas (nacido el 26 de abril de 1928) reinventa el mundo con cada trazo, transformando la cotidianidad oriental en una utopía de placer y belleza.
La Odalisca como centro del universo
La obra de Rojas no es una crónica de lo que ve, sino una oda a lo que sueña. Su pincel se detiene con devoción en la figura femenina: una mujer «siempre bonita», exquisita y rebosante de una sensualidad que trasciende lo terrenal.
Sus famosas Odaliscas son figuras irresistibles que, emulando a la hechicera Calipso, parecen hechizar al espectador para que se quede a habitar sus lienzos. Estas mujeres, reclinadas a la sombra de señoriales casonas coloniales y rodeadas de jardines que desafían la botánica conocida por su exotismo, son las guardianas de un paraíso sin espacio para la angustia o el dolor. En el mundo de Cleto, la tristeza ha sido desterrada por decreto del color.
Un cronista de la gloria y la picardía
Aunque la mujer es su musa absoluta, el universo de Rojas se expande hacia otros horizontes con la misma maestría:
- La Epopeya Heroica: Bolívar y Sucre no son solo próceres en su lienzo; son semidioses engalanados con laureles y galones dorados, recibidos por un pueblo que celebra la libertad en composiciones que exudan triunfo.
- Vistas Panorámicas: Ciudades como Caracas, Cumaná, Carúpano y su amada Casanay cobran vida en sus cuadros. No son paisajes estáticos, sino escenas simultáneas donde la vida bulle en cada esquina.
- Humor y Erotismo: Con una irreverencia genial, Rojas ha reinterpretado iconos universales. Sus versiones de la Mona Lisa, luciendo minifalda y piernas cruzadas, mezclan el erotismo con una chispa de humor que define su personalidad audaz. Tampoco faltan sus «charros», esos galanes parranderos que encarnan la picardía popular.
El reconocimiento a su trayectoria no ha sido escaso. Debido a la magnitud de su aporte estético y cultural, en 1995 fue declarado Patrimonio Cultural Viviente del Estado Sucre. Su nombre es habitual en los Salones y Bienales Nacionales más prestigiosos, donde su estilo —único, vibrante y honesto— ha cosechado los más altos honores.
«Mi pintura refleja una felicidad ideal que solo existe en mi imaginación«.
Esa frase resume la esencia de un hombre que, a sus casi cien años de historia, sigue demostrando que el arte es, ante todo, un refugio contra las sombras. Cleto Rojas no solo pinta cuadros; construye ventanas hacia un mundo donde la vida es, y siempre será, un placer compartido.
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