Mayo mes de leyendas en Venezuela

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Es mes de flores y lluvias, que comienza con el día internacional del trabajador. Y desde el punto de vista religioso, para la mayoría, que es católica, está signado por la celebración de la Cruz de Mayo, los honores a la Santísima Virgen y a las madres en general.

En casi todas las parroquias de Venezuela se simulan apariciones divinas de la virgen, llevándola en procesión, de vivienda en vivienda, donde se le recibe con las oraciones del santo rosario.

En los estados agrícolas, el 3 de mayo, los campesinos pagan promesas a la Santísima Cruz por el logro de los cultivos y la venta de las cosechas, dándole a estas festividades colorido y significado especial. El madero que la representa se viste de flores y los cantadores de salves y décimas recorren los caminos e inician la fiesta con velorios que se prologan hasta el amanecer. También, se celebra el 24 de mayo la fiesta de la virgen María Auxiliadora, patrona de los caficultores.

Pero en el llano venezolano es diferente: Mayo, tiene destellos de magia junto a visiones fantasmagóricas que deambulan por sus vastos y polvorientos senderos. Es mística fragancia que conjuga tierra y humedad, fe y temor, siembra y cosecha. Durante este mes, los llaneros conservan el escapulario de la Virgen del Carmen en el cuello y la oración en la boca.

El mes de mayo, en el llano se siente en la tierra y sus frutos pero la entrada de las lluvias trae días largos y grises que forman un ambiente tenebroso. A medida que el cielo se oscurece anunciando aguacero, abajo, la esperanza y el temor se cruzan: la esperanza en el triunfo de la cosecha y el temor por la aparición de ánimas, ruidos escalofriantes y espantos quejumbrosos que vienen con las tempestades.

El campesino no sale de su casa y se la pasa tomando guayoyo caliente. La familia pasa muchas horas durmiendo en chinchorros, mientras pasan las constantes lluvias. Este mes sobrecoge los ánimos del llanero, que se vuelven tristes y temerosos.

El pueblo cree en manifestaciones de espantos, espíritus malos y almas perdidas. Cree que estos seres pueden aparecer tomando cualquier forma. Por los caminos del llano es natural encontrar cruces que marcan el sitio donde falleció algún vecino de la comunidad, bien sea de muerte natural o accidental. Como una señal de recordatorio o respeto, se estila que al pasar frente a la cruz, se debe lanzar una piedra pequeña a su pie. Por lo general, el monumento termina siendo un montón de piedras.

Es muy común también oír hablar de los duendes, gnomos o espíritus burlones, pequeños seres que se hacen sentir, pero no se dejan ver, que persiguen a las mujeres bonitas y a las embarazadas, que hacen jugarretas hasta desesperar a los dueños de la casa donde fijan su residencia pero, algunas veces, protegen a sus predilectas.

Existe la creencia de que los espíritus, malos se posesionan de las personas y los obligan a hacer su voluntad, llegando éstos, en esta situación de ambivalencia hasta a enfermar seriamente, quebrantos que no pueden curar los médicos, ni las medicinas patentadas, sino que se debe dejar al paciente en manos de un camarero, el cual lo trata con yerbas, esencias, oraciones y secretos.

Fuente: libro “Mitos y Leyendas Predominantes en el Estado Portuguesa” de Carmen Pérez Montero

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